Santa Angela de Foligno, religiosa franciscana

Bajo la convicción de que su lugar estaba en el mundo, Ángela de Foligno transitó desde una juventud marcada por la frivolidad y la indiferencia religiosa hacia una madurez de profunda santidad vivida en lo cotidiano. Nacida en 1248 en una familia acomodada, quedó huérfana de padre y recibió una educación superficial, contrayendo matrimonio y teniendo varios hijos. Sin embargo, una sucesión de eventos dramáticos, como el terremoto de 1279 y la guerra contra Perugia, despertaron en ella el temor al infierno y la conciencia de la precariedad de la vida. Aunque la vergüenza le impidió inicialmente realizar una confesión completa, obtuvo mediante la oración a san Francisco de Asís la certeza de que pronto conocería la misericordia de Dios.
A los treinta y siete años, logró reconciliarse totalmente con el Señor y, tras sufrir la muerte prematura de su madre, esposo e hijos, vendió todos sus bienes para repartirlos entre los pobres. En 1291 peregrinó a Asís e ingresó en la Tercera Orden de San Francisco, confiándose a la dirección espiritual de fray Arnaldo, quien recopiló en el célebre Memorial los treinta pasos de su vocación y sus experiencias místicas. Estas vivencias, que incluían la visión de la Santísima Trinidad y un cambio del temor a la condenación por la confianza en el amor misericordioso, le valieron en vida el título de Magistra Theologorum, promoviendo una teología basada en la experiencia directa de lo divino.
Su intensa vida de oración y adoración eucarística se complementó siempre con una tierna caridad hacia los leprosos y enfermos, en quienes reconocía a Cristo Crucificado. Ángela se convirtió en una verdadera madre espiritual y maestra de fe para un cenáculo de discípulos, encarnando un modelo del genio femenino en la Iglesia. Falleció el 4 de enero de 1309 siendo considerada santa por la voz popular, un reconocimiento que el Papa Francisco oficializó siglos más tarde, el 9 de octubre de 2013, mediante su canonización por equivalencia.
Santa Isabel Ana Bayley viuda de Seton, H.C., fundadora de las Hermanas de la Caridad de San José



Nacida en Nanterre entre el 411 y el 416 en el seno de una familia de la nobleza galo-romana, la vocación de Genoveva se reveló tempranamente gracias a un encuentro providencial en el año 429 con San Germán de Auxerre. Mientras este se dirigía a Britania para combatir el pelagianismo, reconoció en la joven una llamada especial y le propuso consagrarse como esposa de Cristo, ofrecimiento que ella aceptó sin dudar. Desde entonces, adoptó una vida de estricta ascesis, ayuno y oración, llegando a recluirse anualmente desde la Epifanía hasta el Jueves Santo en la casa paterna.
Su liderazgo espiritual fue crucial en el año 451, cuando la amenaza de los hunos de Atila aterrorizó París. Mientras muchos habitantes planeaban huir, ella exhortó a la resistencia y a la confianza en Dios, declarando que si los hombres no podían luchar, las mujeres rezarían hasta ser escuchadas. Aunque su postura audaz provocó que algunos pidieran su muerte, la ciudad finalmente resistió y los invasores se desviaron hacia Orleans, donde fueron derrotados. Años más tarde, durante el asedio franco, Genoveva se opuso con valentía a los invasores, aunque profetizó que la llegada de Quilderico I ayudaría a la expansión de la fe entre los bárbaros.
Ante la grave hambruna que azotó a la población, la santa no se quedó de brazos cruzados y encabezó una expedición de once barcas por el río Sena hasta Troyes. Durante el viaje realizó diversos milagros, como la curación de la esposa paralizada de un oficial romano y la devolución de la vista a varios ciegos. En agradecimiento, obtuvo una gran cantidad de grano que transportó de vuelta a París, encargándose personalmente de distribuirlo y cocer pan para los pobres. Falleció alrededor del año 500 y, desde entonces, es invocada por los parisinos como protectora contra las grandes calamidades como la peste y el hambre.
