San Jerónimo, sacerdote y doctor de la Iglesia

San Jerónimo, erudito dálmata de carácter impetuoso y apasionado, transitó de una juventud mundana en Roma a la ascesis del desierto de Calcis, donde cimentó su vasto dominio del hebreo y el griego. Llamado por el Papa Dámaso para ser su secretario, emprendió la monumental tarea de traducir las Sagradas Escrituras al latín, legando a la Iglesia la célebre Vulgata. Su rigor moral y sus polémicas con el clero laxo lo llevaron a retirarse a Belén; allí, junto a la Gruta de la Natividad y apoyado por sus fieles discípulas Paula y Eustoquia, fundó monasterios y dedicó el resto de su vida a la oración, la acogida de peregrinos y el estudio bíblico, falleciendo en el año 420 como uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Occidente.
San Simeón, conde de Crépy
Simón, conde de Crépy, renunció a todas sus riquezas y a su matrimonio para retirarse a la vida monástica, luego a la ermita del Macizo del Jura donde los peregrinos se reunían con él por su sabiduría. Murió en Roma en 1082.
San Francisco de Borja, sacerdote jesuita

Francisco de Borja nació en Gandía, España, en 1510. Casado, 8 hijos, fue Virrey de Cataluña, pero nunca descuidó su fe. Viudo, lo dejó todo y entró en la Compañía de Jesús. Fundador de las misiones en América del Sur, murió en 1572.
