Santa Mónica, madre de S. Agustín, obispo

Santa Mónica, nacida en Tagaste en el año 331, encarna el modelo sublime de la perseverancia materna y la fe inquebrantable. Tras lograr con paciencia y dulzura la conversión de su esposo Patricio, dedicó su viudez y sus incesantes lágrimas a la salvación de su hijo Agustín, cuya vida errante y búsqueda de la verdad la llevaron a seguirlo hasta Milán. Su misión espiritual culminó en el célebre «éxtasis de Ostia», momento en el que madre e hijo compartieron una profunda contemplación de la eternidad tras la conversión del futuro obispo; habiendo visto cumplido su único deseo terrenal de ver a Agustín como cristiano católico, falleció a los 56 años, y sus reliquias, trasladadas siglos más tarde desde su sepultura original, reposan hoy en la Basílica de San Agustín en Roma.
