Santa GALLA, VIUDA ROMANA

En el convulso escenario histórico que siguió a la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476, destaca la figura de Santa Galla, hija del patricio y cónsul Quinto Aurelio Memio Símaco, quien fuera ejecutado por Teodorico. Tras quedar viuda apenas un año después de su matrimonio, la joven rechazó las insistentes exhortaciones de su entorno para volver a casarse, optando por canalizar su duelo a través de una profunda vida de fe. Establecida cerca de la basílica de San Pedro, dedicó su existencia a la oración, el ayuno y la caridad hacia los necesitados, consagrándose finalmente a Dios en la sencillez de un monasterio cercano; su valiente elección fue tan resonante que incluso San Fulgencio, desde su exilio en Cerdeña, le dedicó el escrito De statu viduarum para alentarla en su perseverancia.
Su trayectoria espiritual estuvo marcada por el ascetismo y, según las fuentes legendarias, por experiencias místicas que incluyeron visiones de la Virgen María y la aparición de San Pedro en el momento de su muerte, ocurrida alrededor del año 550. La memoria de su santidad quedó físicamente ligada a la ciudad de Roma, primero a través de la antigua iglesia de Santa María in Pórtico, construida presuntamente sobre su propia vivienda y demolida hacia 1930, y en la actualidad mediante una parroquia en la zona Ostiense y la veneración de la obra de arte que representa sus visiones en la iglesia de Santa María in Campitelli.
San Pedro de Verona, sacerdote dominico y mártir



Hijo de maniqueos, Pedro se opuso a su familia cuando entró en la Orden Dominicana. Llegó a ser un defensor enérgico de la doctrina católica, hasta el punto de ser nombrado Inquisidor General de Lombardía. Murió mártir en el año 1252, asesinado por los mismos herejes a los que se había opuesto.
