San Juan Bautista de la Salle, sacerdote, fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas

Declarado patrono de los educadores por el Papa Pío XII, Juan Bautista de La Salle forjó su santidad transformando la adversidad en una oportunidad para revolucionar la enseñanza. Habiendo quedado huérfano muy joven y a cargo de sus nueve hermanos, logró sin embargo ordenarse sacerdote y doctorarse en teología. Su verdadera misión surgió al constatar la precaria formación de los maestros de su época, lo que le llevó a reunir a un grupo de educadores laicos para vivir en comunidad y formarlos personalmente. Con ellos introdujo innovaciones pedagógicas radicales para el siglo XVII, como la sustitución de la lección individual por la enseñanza colectiva en clases, la prioridad de la lengua materna francesa sobre el latín para el aprendizaje de la lectura y la gratuidad de la educación primaria.
De este esfuerzo nació la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, la primera orden religiosa masculina compuesta exclusivamente por laicos consagrados a la educación, quienes vestían un hábito distintivo con zuecos campesinos y se dedicaban no solo a la instrucción en la fe, sino también a la formación técnica, comercial y profesional de los jóvenes. A pesar de su éxito, Juan Bautista enfrentó una feroz oposición por parte del alto clero y las autoridades civiles, sufriendo calumnias y llegando a ser depuesto de su cargo de superior en 1702. Lejos de defenderse con soberbia, aceptó la humillación retirándose a la oración y la penitencia en Saint-Yon, confiando plenamente en la Providencia. Su legado, que abarcaba escuelas dominicales para trabajadores y un método educativo sistematizado, perduró tras su muerte en 1719, momento en el que miles de personas acudieron a despedir a quien había dignificado para siempre la vocación del maestro.
