San Juan de Dios, fundador de los FatebeneFratelli, patrón de los Enfermos y trabajadores en los Hospitales

Nacido en Portugal bajo el nombre de Juan Ciudad, San Juan de Dios recorrió un camino vital lleno de aventuras antes de encontrar su verdadera vocación. Dejó su hogar a los ocho años, trabajó como pastor en Oropesa, combatió como soldado en Pavía y Viena contra los turcos, y viajó por Europa y África antes de establecerse en Granada como librero, oficio en el que descubrió el valor espiritual de las imágenes y textos sagrados.

Su conversión fue radical tras escuchar un sermón del místico Juan de Ávila. Comenzó a pedir limosna con la frase Hagan bien hermanos y a realizar penitencias tan extremas que fue recluido en un manicomio. Aquella terrible experiencia, donde fue testigo del trato inhumano y las torturas que sufrían los enfermos mentales, le hizo comprender que Dios lo llamaba a dignificar la vida de estos desamparados y a cambiar la forma en que eran atendidos.

Tras salir del encierro, se comprometió ante el obispo a dedicar su vida a los que sufren. En 1540, junto a dos compañeros y vistiendo un hábito pobre, fundó el primer núcleo de lo que sería la Congregación de los Hermanos de la Misericordia. Sin conocimientos médicos previos, pero con una intuición caritativa revolucionaria, estableció hospitales en Granada y Toledo donde se priorizaba la escucha y la atención integral del paciente, extendiendo su ayuda también a huérfanos y prostitutas. Falleció en 1550 a los cincuenta y cinco años mientras oraba de rodillas; aunque no dejó una regla escrita, su espíritu perduró en la Orden Hospitalaria, conocida como los Fatebenefratelli, siendo canonizado en 1609 y declarado Patrono de los enfermos y hospitales.