Santos Cuarenta mártires de Sebastes

Por haberse convertido a la religión cristiana, cuarenta soldados de diferentes partes de Capadocia, fueron arrestados en el año 320 durante las persecuciones de Licinio. Dejados desnudos en el frío invernal de Sebaste, Armenia, prefirieron heróicamente morir congelados que apostatar de su fe.  

Santa Catalina de Bolonia, virgen clarisa

Catalina se educó en la Corte Estense pero pronto prefirió el monasterio de las Clarisas de Ferrara, dedicado al Corpus Domini. Para ella era un lugar de silencio, trabajo, oración y alegría. Fundó un monasterio igual en Bolonia, donde fue abadesa hasta su muerte, en olor de santidad, en 1463.  

Santa Francisca romana, fundadora de las Oblatas de Tor de’ Specchi

En la Roma decadente de inicios del siglo XV, Francisca Bussa in Ponziani desafió las convenciones de su nobleza al recorrer las calles vestida con una tosca túnica verde para socorrer a los miserables. Esposa de Lorenzo y madre de tres hijos, transformó su residencia en el Trastevere en un centro de ayuda donde nadie era rechazado, llegando incluso a mendigar personalmente para asistir a aquellos que se avergonzaban de pedir limosna. Su caridad desmedida escandalizó a la aristocracia y exasperó a su propia familia, hasta que un prodigio, en el que el granero vaciado por su suegro para frenar sus donaciones apareció nuevamente repleto de trigo, terminó por convencer a su entorno.

Aunque de joven anhelaba la vida consagrada, encontró la santidad dentro del matrimonio, tratando a la servidumbre como hermanos y vendiendo sus joyas para curar a los enfermos. Su profunda vida espiritual estuvo marcada por la oración intensa, penitencias físicas y violentos ataques demoníacos, equilibrados con dones de sanación y milagros. Tras enviudar en 1436, se retiró al monasterio de las Oblatas de la Santísima Virgen, comunidad que ella misma había fundado. Al fallecer el 9 de marzo de 1440, el pueblo romano, que cariñosamente la llamaba Ceccolella, hizo largas filas durante tres días para despedir a quien ya reconocían como la Santa de Roma.