San Simplicio, papa

Papa de 468 a 483. Simplicio vivió la caída del Imperio Romano de Occidente y se enfrentó a la herejía monofísita, que reconocía solo la naturaleza divina de Cristo. Animó la Iglesia en Italia. Defendió el papado de las migraciones bárbaras.
San Juan Ogilvie, sacerdote jesuita y mártir



Bajo la identidad falsa del capitán Watson, el misionero jesuita Juan Ogilvie regresó a Escocia en el otoño de 1613 tras veintidós años de formación en Europa. Su retorno a una patria que se había vuelto hostil al catolicismo fue un acto de voluntad propia, tras rogar a sus superiores que le permitieran servir a sus compatriotas en un lugar donde celebrar misa podía costar la vida. Su apostolado clandestino, marcado por el servicio a los enfermos, presos y conversos, terminó en octubre de 1614 cuando fue traicionado en Glasgow por Adam Boyd, quien fingió querer reconciliarse con la Iglesia para entregarlo a las autoridades.
Sometido a un calvario de cuatro meses que incluyó torturas, encadenamientos y juicios constantes, el Padre Juan mostró una resistencia inquebrantable. Rechazó tanto la violencia física como los intentos de soborno, que incluían ofertas de riquezas y matrimonio, negándose a aceptar la supremacía espiritual del rey sobre la del Papa y afirmando que sacrificaría el bien menor de su vida para ganar a Dios.
Ante su negativa a la apostasía, el rey Jaime I ordenó su ejecución. El 10 de marzo de 1615, fue ahorcado defendiendo hasta el último momento que, aunque era leal al monarca en lo civil, moría únicamente por su fe católica. Sus restos fueron arrojados a una fosa común y se perdieron, pero su testimonio perduró hasta ser canonizado por Pablo VI en 1976.
