Santa Angela Merici, virgen, fundadora de las Ursulinas

La espiritualidad de Santa Ángela Merici marcó un hito al trasladar la vida consagrada de los claustros al mundo, otorgando una nueva dignidad a la mujer. Nacida en 1474 en Desenzano, creció en un ambiente religioso que fomentó su devoción por Santa Úrsula. Tras quedar huérfana a los quince años y vivir un tiempo con su tío, se hizo Terciaria Franciscana buscando una vida de mayor austeridad y penitencia. Fue en este periodo cuando, a través de una visión de una escalera celestial por la que subían ángeles y vírgenes, incluyendo a su hermana fallecida, recibió el anuncio profético de que fundaría una compañía de vírgenes.

Su misión se fue clarificando tras ser enviada a Brescia en 1516 y realizar varias peregrinaciones. Durante su viaje a Tierra Santa en 1524, sufrió una ceguera repentina que solo sanó al regresar, un hecho que ella interpretó como un signo para aprender a mirar los Lugares Santos con los ojos del espíritu y no del cuerpo. Tras rechazar la invitación del Papa Clemente VII para quedarse en Roma, regresó a Brescia para cumplir su visión, fundando el 25 de noviembre de 1535 la Compañía de las mínimas de Santa Úrsula. Esta fundación supuso una verdadera revolución de la gracia, pues ofrecía a las mujeres la posibilidad de consagrarse a Dios y a la educación de las jóvenes sin necesidad de recluirse en un convento ni contraer matrimonio, dignificándolas como vírgenes consagradas actuando en plena sociedad.

Ángela falleció el 27 de enero de 1540, dejando un instituto que sería elevado a Derecho Pontificio poco después y una herencia espiritual que culminó con su canonización en 1807, contando incluso con una estatua en la Basílica de San Pedro. Su legado perdura especialmente en su testamento espiritual, donde exhortaba a sus seguidoras a tratar a cada persona individualmente con caridad viva y mano suave, respetando siempre el libre albedrío que Dios ha dado a cada ser humano, bajo la premisa de que el Señor no obliga a nadie, sino que solamente propone y aconseja.

San Vitaliano, papa

Papa de 657 a 672, trabajó infatigablemente para subsanar los conflictos entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Oriente y para restablecer el diálogo con el emperador, pero sin éxito. Reavivó el cristianismo británico nombrando nuevos obispos. Fue sepultado en la antigua basílica de San Pedro.