San Arcadio, mártir

Durante la persecución desencadenada por el emperador Diocleciano, escapa de su ciudad, Cesarea de Mauritania. Se entrega a la autoridad cuando un pariente es capturado en su lugar. Negándose a ofrecer sacrificios a los dioses, muere mártir entre torturas en el 304.  

San Antonio María Pucci, sacerdote

Bajo la premisa de que lo esencial es aprovechar el tiempo dado por Dios para cumplir el deber, Antonio María Pucci, bautizado originalmente como Eustaquio, creció en la alta Toscana del siglo XIX en el seno de una familia campesina pobre en recursos pero rica en fe. Aunque su ayuda en las labores del campo habría sido valiosa para su familia, desde niño mostró una inclinación innata por la vida espiritual, prefiriendo ayudar en el decoro de la iglesia y asistir a los oficios religiosos, lo que finalmente lo llevó a responder a la llamada divina ingresando en la Orden de los Siervos de María Santísima.

Ordenado sacerdote en 1843, llegó a ejercer cargos importantes como el de Definidor General, aunque su verdadera vocación se desplegó durante los cuarenta y ocho años que sirvió como párroco en la iglesia de San Andrés en Viareggio. Conocido afectuosamente por todos como el Curita gracias a su perenne sonrisa y su disposición de ayuda, se convirtió en un precursor de la organización laical al crear asociaciones específicas para cada grupo de fieles: la Compañía de San Luis para los jóvenes, la de Nuestra Señora de los Dolores para los hombres y la Congregación de las Madres Cristianas para las mujeres, fundando además a las Manteladas de Viareggio para el cuidado de la infancia enferma.

Su liderazgo no era de escritorio; Antonio era el primero en recorrer las casas de los pobres para llevarles víveres, desprendiéndose incluso de su propia ropa. Estas jornadas incansables se sostenían en una profunda vida de oración que le valió la fama de santo en vida, llegando los feligreses a afirmar que parecía un ángel por su fervor y algunos fenómenos místicos. Su caridad heroica brilló especialmente durante la epidemia de cólera de 1854, entregándose al servicio de los enfermos hasta el final de sus días. Falleció en 1892 a causa de una neumonía fulminante y fue reconocido por la Iglesia siendo beatificado por Pío XII en 1952 y canonizado por Juan XXIII en 1962.