San Rafaela del Sagrado Corazón, virgen, fundadora de las Esclavas del sagrado Corazón de Jesús

Religiosa española (1850-1925), funda una Congregación dedicada a la adoración eucarística perpetua y al apostolado. Incomprendida por sus hermanas, renuncia como superiora desarrollando con gran mansedumbre los servicios más humildes aceptando todo “como si viniese de la mano de Dios”.
San Andrés Bessette



Alfred Bessette, huérfano desde los doce años y de salud frágil, parecía tener una vocación improbable cuando a los veinticinco años solicitó entrar en los Hermanos de la Santa Cruz en Montreal. A pesar de las dudas iniciales del superior debido a su analfabetismo y debilidad física, fue finalmente admitido gracias a la recomendación de su párroco, quien aseguró que enviaba a un santo, y a la intervención del obispo. Tomó el nombre de hermano Andrés y se le asignó la humilde tarea de portero del colegio, labor que desempeñó durante cuarenta años, bromeando tiempo después con que sus superiores le enseñaron la puerta y allí se quedó para siempre.
En ese puesto aparentemente insignificante, su profunda vida de oración comenzó a atraer a multitud de personas que, al conocerlo, le confiaban sus sufrimientos y enfermedades. Él rezaba con ellos y los encomendaba fervorosamente a san José, y pronto se corrió la voz por la ciudad de que Dios le había concedido el don de curar. Aunque algunos dentro de la congregación lo criticaron y tildaron de embaucador, el hermano Andrés se mantuvo humilde, insistiendo siempre en que no era él quien curaba, sino san José intercediendo ante Jesús. La afluencia de devotos creció tanto que llegó a recibir ochenta mil cartas al año y tuvo que atender a las multitudes en una estación cercana.
Su inquebrantable devoción se materializó en 1904, cuando obtuvo permiso para construir una pequeña capilla en honor a san José, con la condición de que él mismo costeara los gastos. Sin recursos, comenzó a cortar el pelo a cinco céntimos para recaudar fondos, logrando levantar inicialmente una modesta cabaña que, con el paso del tiempo y la fe de los peregrinos, se transformaría en una gran basílica. Falleció el 6 de enero de 1937 y su despedida fue multitudinaria: más de un millón de personas desafiaron el duro invierno canadiense para desfilar ante el féretro del sencillo fraile analfabeto que había sido para ellos una puerta hacia el Cielo. Hoy, el Oratorio de San José, lleno de exvotos de agradecimiento, sigue recibiendo a millones de peregrinos anualmente.
San Carlos de Sezze, religioso franciscano



Nacido en 1613, hijo de campesinos, entra en la Orden de los Frailes Menores: trabaja como cocinero y portero. No obstante los escasos estudios, tiene el don de la ciencia infusa y es convocado por los Papas como consejero. Se distingue por la humildad, uniendo contemplación y caridad concreta.
