San Basilio El Grande y San Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia

Nacido en Cesarea en el año 329 en el seno de una familia de santos, San Basilio recibió una sólida formación que perfeccionó en Constantinopla y Atenas, donde inició una brillante carrera en retórica. Sin embargo, su verdadera vocación lo empujaba hacia el silencio y la oración, llevándolo a viajar por Egipto, Palestina y Siria para aprender de la vida eremítica. Al regresar al Ponto, se reencontró con su antiguo compañero de estudios, Gregorio de Nacianzo, con quien fundó una comunidad monástica regida por reglas propias. No obstante, la expansión del arrianismo, apoyada por el emperador Valente, obligó a Basilio a abandonar su retiro para defender la ortodoxia en Cesarea. Allí, ya como obispo, combatió la herejía no solo con argumentos doctrinales que le valieron el título de Magno, sino también con obras de caridad, fundando la célebre Basiliade, una ciudadela de misericordia con hospitales y orfanatos para los desposeídos. Falleció en 389, habiendo visto el declive del arrianismo bajo el amparo del emperador Teodosio.

Por su parte, Gregorio Nacianzeno, el amigo inseparable de Basilio, compartió también un linaje de santidad y la inquietud por la vida contemplativa en Capadocia, la cual tuvo que interrumpir para asistir a su padre obispo en el gobierno de la iglesia de Nacianzo. Ordenado sacerdote en 361 casi a su pesar, y aconsejado por Basilio para asumir su misión, fue enviado posteriormente a Constantinopla para frenar la herejía arriana. A pesar de ser recibido con una lluvia de piedras y tener que refugiarse en una pequeña iglesia extramuros, su elocuencia y vida ejemplar lograron devolver la ciudad a la fe católica. Sin embargo, la oposición política de una facción adversa le impidió asumir el obispado de la capital, por lo que tras un emotivo discurso de despedida regresó a su tierra natal. Allí dedicó sus últimos años a la escritura de versos espirituales, reflexionando sobre la inestabilidad de las cosas mortales frente a la firmeza y estabilidad de la sabiduría divina.