Santos Domingo de Guzmán, sacerdote, fundador de la Orden de Predicadores

Santo Domingo de Guzmán, nacido en Caleruega en 1170 y contemporáneo de San Francisco de Asís, encarnó el ideal absoluto de «hablar con Jesús o hablar de Jesús». Su vocación misionera cristalizó al acompañar a su obispo al sur de Francia, donde la confrontación con la herejía cátara le reveló la urgencia de la predicación doctrinal y vivencial. Encomendado por Inocencio III a la conversión de los albigenses, combatió el error mediante la coherencia de vida, la afabilidad y la disputa teológica, labor que culminó con la fundación de la Orden de los Frailes Predicadores, aprobada oficialmente por Honorio III en 1217. Definido como «tierno como una madre, fuerte como un diamante», falleció en Bolonia en 1221 tras ver la rápida expansión de su obra, siendo canonizado apenas trece años después por Gregorio IX.
Santos Ciriaco, Largo y Smaragdo, mártires
Cuando confortaban a los prisioneros cristianos obligados a trabajos forzados en las Termas de Diocleciano, fueron descubiertos y encarcelados. Aún allí realizaron exorcismos y conversiones y fueron decapitados por el Emperador Maximiano en 306. Sus restos fueron sepultados sobre la Via Ostiense.
