San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia

San Cirilo de Alejandría, sobrino y sucesor del obispo Teófilo, gobernó con energía la sede egipcia durante treinta y dos años desde el 412, consolidándose como un incansable testigo del Verbo encarnado y defensor de la primacía de su Iglesia en Oriente. Su figura destaca principalmente por la defensa dogmática de la unidad de la persona de Cristo frente a la herejía de Nestorio, patriarca de Constantinopla, quien se oponía a llamar a la Virgen «Madre de Dios» (Theotókos). Ante esta postura, Cirilo lideró la reacción ortodoxa en el Concilio de Éfeso de 431, argumentando teológicamente la inefable unión de la naturaleza divina y humana en un solo Cristo y Señor. Tras lograr la condena de Nestorio y establecer una fórmula de reconciliación con los antioquenos, falleció en el año 444, dejando un legado fundamental para la cristología que fue elogiado siglos más tarde por el Papa Benedicto XVI.

Beata María Mastena

Nacida en Verona, a los 20 años, María se hace religiosa de las Hermanas de la Misericordia donde enseñó. Después de siete meses de retiro en un claustro cisterciense, en 1932 sintió la inspiracion de fundar las Religiosas de la Santa Faz, para «hacer sonreír» el rostro de Cristo entre los hombres.