San Guillermo, abad, fundador de los Monjes de Montevirgen

San Guillermo de Vercelli, nacido en el seno de una familia noble hacia 1085, inició su camino espiritual como peregrino en grandes santuarios europeos hasta que, buscando la soledad tras un intento fallido de llegar a Tierra Santa, se estableció en el Monte Virgiliano. Allí fundó la congregación benedictina de Montevergine, imponiendo una regla de vida caracterizada por una extrema austeridad, la penitencia y la prohibición de ciertos alimentos, aunque la afluencia de fieles lo empujó a buscar nuevamente el aislamiento en la llanura de Goleto, donde estableció un monasterio doble y continuó su expansión por el sur de Italia. Representado iconográficamente junto a un lobo al que amansó milagrosamente tras haber devorado este a su asno, falleció en 1142 dejando un legado de caridad y rigor monástico, siendo venerado hoy como el patrón de Irpinia y custodiándose sus restos, desde 1807, en el santuario de Montevergine.
San Próspero de Aquitania, filósofo



Próspero nació en Aquitania; en Marsella se convirtió en monje laico y teólogo. Conoció personalmente a San Agustín y pasó su vida combatiendo la herejía de Pelagio sobre la predestinación. Igualmente defendió con vigor la doctrina de la universal voluntad salvífica de Dios. Murió alrededor del 455.
