Santos Carlos Lwanga y Compañeros, mártires de Uganda

San Carlos Lwanga fue un mártir ugandés que, junto con el joven Kizito y otros compañeros tanto católicos como anglicanos, sufrió una brutal persecución bajo el reinado de Mwanga II a finales del siglo XIX tras negarse a ceder a los deseos disolutos del monarca. Convertido al cristianismo por los misioneros Padres Blancos y sirviendo como Prefecto del Salón Real, Carlos se convirtió en un pilar de fe para los neófitos de la corte hasta que, instigado por los hechiceros locales, el rey ordenó su ejecución en mayo de 1886. Los condenados fueron obligados a recorrer un doloroso camino de 27 millas durante ocho días, sufriendo todo tipo de torturas, hasta llegar a la colina de Namugongo, donde el 3 de junio fueron quemados vivos mientras rezaban, ofreciendo un testimonio de unidad y fortaleza espiritual. Este sacrificio, que incluyó a fieles de distintas confesiones, fue reconocido por la Iglesia con su canonización en 1964 por Pablo VI y es recordado por el Papa Francisco como un ejemplo de ecumenismo de la sangre, perpetuado hoy en el santuario de Namugongo que se alza sobre los pilares de su martirio.

Santa Cleotilde, reina de los Francos

Nacida en Lyon en 474, se casó con Clodoveo, rey de los francos. El soberano era pagano, pero le permitió bautizar a sus cinco hijos, que pelearán por la sucesión a su muerte. Clotilde se retiró a Tour, la ciudad de San Martín, donde trabajó con denuedo en obras de caridad y oración por sus hijos.