Santas María de Cleofas y Salomé, discípulas del Señor

Las dos están entre las mujeres que en la mañana de Pascua van al sepulcro de Jesús. María, esposa de Cleofás, madre de Santiago el Menor; Salomé es identificada como esposa de Zebedeo, madre de Santiago y Juan.
San María Elisabeth Hesselblad, fundadora de las Brigidinas



Nacida en la luterana Suecia en 1870, María Isabel Hesselblad sintió desde su niñez la inquietud por la diversidad de creencias, anhelando encontrar el único rebaño mencionado en el Evangelio. Esta búsqueda espiritual se mantuvo viva cuando, a los dieciocho años, emigró a Nueva York para ayudar económicamente a su familia, desempeñándose como enfermera en el Hospital Roosevelt. En ese entorno de dolor, su fe se fortaleció con experiencias impactantes, como aquella noche en la que, tras quedar encerrada accidentalmente en la morgue, logró reanimar con su oración y el calor de su propia ropa a un paciente que había sido dado por muerto erróneamente tras un ataque cardíaco.
Su conversión al catolicismo llegó en 1902 bajo la guía del jesuita Johann Hagen, lo que marcó su regreso a Europa con un nuevo propósito. Establecida en Roma en la casa que perteneció a Santa Brígida, y con el permiso del Papa Pío X, vistió el hábito brigidino e inició la refundación de la Orden del Santísimo Salvador, logrando con el tiempo llevarla de vuelta a Suecia. Su vocación unía la contemplación litúrgica con una caridad heroica, la cual se hizo patente durante la Segunda Guerra Mundial cuando, junto a sus hermanas, transformó su convento en refugio para judíos perseguidos y centro de distribución de alimentos para los necesitados.
Fallecida en Roma en 1957 y canonizada por el Papa Francisco en 2016, Santa María Isabel dejó un legado de unidad y servicio, además de escritos íntimos como la oración que dedicó a su abuela antes de dejar América. En ella, expresaba su devoción eucarística y su deseo de permanecer eternamente enamorada y atada al Corazón de Jesús junto al altar, testimonio de una vida que supo encontrar finalmente ese único rebaño que tanto anheló desde su infancia.
San Fidel de Sigmaringen, sacerdote mártir



Mark Reyd, nacido en 1577 en el seno de una familia de burgomaestres, destacó desde joven por su talento intelectual, lo que le llevó a ejercer primero como tutor itinerante por Europa y más tarde como abogado defensor de los que no podían costearse uno. Sin embargo, a los treinta y cuatro años dio un giro radical a su existencia al ordenarse sacerdote e ingresar en la estricta orden de los capuchinos de Friburgo, adoptando el nombre de Fidel. Su vida religiosa se caracterizó por la austeridad, la penitencia y una entrega heroica durante las epidemias de peste, aunque fue su faceta de predicador la que le granjeó mayor fama, logrando numerosas conversiones gracias a un discurso sencillo pero firmemente anclado en las Escrituras.
Su capacidad oratoria motivó que se le confiara la peligrosa misión de predicar en la región de Rezia, zona de fuerte influencia calvinista donde las tensiones religiosas eran constantes. A pesar de sufrir atentados y saber que su vida corría peligro, Fidel no cesó en su empeño evangelizador hasta el 24 de abril de 1622, cuando cayó en una trampa en Séwis. Tras predicar, fue rodeado por soldados que le exigieron renegar de su fe; ante su negativa, fue asesinado a golpes de espada mientras perdonaba a sus verdugos. Su muerte cumplió la profecía de su nombre, manteniéndose fiel hasta el final, y su martirio sirvió como semilla para la reconciliación entre católicos y calvinistas y el retorno de muchos a la fe.
