San Julio I, papa

Campeón de la ortodoxia romana y defensor de la doctrina trinitaria, durante su pontificado San Julio I luchó contra los arrianos, buscando varias veces un acercamiento con ellos, primero a través del Concilio de Roma y luego de Sardica, pero sin lograrlo. Murió en el 352. 

San Zeno, obispo de Verona

Cuando se convirtió en obispo de Verona en el 362, Zeno fue apodado «moro y pescador» por sus orígenes norteafricanos. Durante el episcopado se enfrentó al arrianismo y al paganismo, dando un fuerte ejemplo de caridad, humildad y generosidad hacia los pobres. Hoy es el santo patrón de la ciudad. 

San José Moscati, médico de Nápoles

Aunque nació en Benevento en 1880 en el seno de una familia de magistrados, San José Moscati desvió el rumbo de una tradición jurídica para abrazar la medicina tras ser testigo del sufrimiento de su hermano y contemplar el dolor en el Hospital de los Incurables. En una época donde la ciencia solía estar teñida de materialismo, él supo armonizar su brillantez académica con una profunda vida espiritual alimentada por la Eucaristía diaria. Su fama de diagnósticos certeros y casi milagrosos no lo envaneció; por el contrario, atribuía su talento a la oración y se consideraba un mero colaborador de Dios, tratando a cada paciente con una visión integral que sanaba tanto el cuerpo como el espíritu, llegando incluso a pedir la confesión como pago por una curación.

Su caridad fue legendaria y revolucionaria, convirtiendo su profesión en un verdadero apostolado donde los pobres no solo eran atendidos gratuitamente, sino ayudados económicamente. En su sala de espera, una cesta con el lema «Quien puede pagar algo, lo ponga, y quien necesite algo, lo tome» resumía su filosofía de vida. Moscati no solo fue un médico de consulta, sino un héroe en la acción y un científico de vanguardia: rescató personalmente a los enfermos durante la erupción del Vesubio de 1906 antes de que el techo se desplomara, luchó en primera línea e investigó durante la epidemia de cólera de 1911 y fue pionero en el uso de la insulina para la diabetes.

Vivió su vocación laical con la austeridad de un franciscano y la pureza del celibato, dedicando cada instante a ver el rostro de Jesús sufriente tanto en celebridades como en los más desamparados. Falleció repentinamente en su sillón el 12 de abril de 1927, a la temprana edad de 47 años, dejando una estela de santidad que fue reconocida oficialmente por Juan Pablo II en 1987, quien lo presentó al mundo como un modelo perfecto de laico cristiano que supo hacer de su trabajo diario un camino directo al cielo.