Santa Magdalena de Canossa, virgen, fundadora de los Hijos y de las Hijas de Caridad

Nacida en Verona en 1774 en el seno de una noble familia descendiente de la histórica Matilde, Magdalena Gabriela de Canossa vivió una infancia marcada por la soledad y el sufrimiento físico. Huérfana de padre a los cinco años y abandonada por su madre poco después, fue educada bajo la excesiva severidad de una institutriz francesa hasta que, en su adolescencia, graves enfermedades la dejaron con secuelas crónicas de por vida. Aunque inicialmente se sintió atraída por la vida contemplativa e intentó ingresar en el Carmelo, pronto comprendió que la clausura no era su camino; orientada por sus directores espirituales, descubrió que Dios la llamaba a servirlo a través de la caridad activa hacia los pobres y marginados que acudían al palacio familiar.
Su obra tomó forma concreta cuando comenzó a acoger a jóvenes de la calle, labor que recibió un impulso inesperado en 1804 gracias a Napoleón Bonaparte quien, tras alojarse en su palacio y conocer su fervor, le cedió un antiguo monasterio. Allí estableció la Congregación de las Hijas de la Caridad, aprobada posteriormente por Pío VII, dedicándose a la catequesis, la asistencia a enfermos y la educación de niñas, expandiéndose rápidamente por el norte de Italia con un espíritu caracterizado por la alegría y la confianza en la Divina Providencia, lejos de rigores melancólicos.
Magdalena pasó sus últimos años en una celda de extrema austeridad, soportando con paciencia sus dolencias físicas. Falleció el 10 de abril de 1835 tras un último gesto de devoción a la Virgen Dolorosa, expirando con una expresión de júbilo tras el rezo de tres Avemarías. Su vida de entrega a los más necesitados fue reconocida universalmente con su canonización en 1988 por Juan Pablo II.
