San Jenaro, obispo de Benevento y mártir

San Jenaro, obispo de Nápoles en el siglo III, selló con el martirio su incansable labor de caridad durante la persecución de Diocleciano. Tras interceder por el diácono Sosio y sus compañeros, fue condenado a muerte, sufriendo la decapitación después de que la sentencia inicial de ser arrojado a las fieras fuera conmutada por temor a revueltas populares. La tradición narra que su sangre fue recogida en dos ampollas por una mujer piadosa; estas reliquias son el centro de un célebre prodigio que se repite anualmente en la Catedral de Nápoles, donde la sangre seca se licúa, renovando la fe de un pueblo que lo venera como protector contra pestes y erupciones del Vesubio.
