San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia

San Juan Crisóstomo, célebre por una elocuencia que le valió el sobrenombre de «Boca de Oro», renunció a una brillante carrera en la retórica y se forjó en la austeridad del desierto antes de convertirse en la voz moral de Antioquía. Elevado a la sede patriarcal de Constantinopla en el año 397, su fidelidad al Evangelio y su incansable denuncia de la corrupción y los lujos de la corte imperial y del clero le ganaron el amor del pueblo pero el odio implacable de los poderosos, encabezados por la emperatriz Eudoxia. Víctima de intrigas políticas y eclesiales, sufrió un doble exilio que lo condujo a la muerte en Comana Pontica en el 407, legando a la posteridad un vasto tesoro doctrinal y el testimonio de un pastor que vivió para dar «gloria a Dios en todas las cosas».
