01/08/26

San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia, fundador de la Congregación del ss.mo Redentor

San Alfonso María de Ligorio, nacido en el seno de la nobleza napolitana y niño prodigio que ejercía la abogacía a los dieciséis años, renunció a una brillante carrera en los tribunales para consagrarse al sacerdocio y al servicio de los más pobres. Impactado por la ignorancia religiosa de los pastores y campesinos, fundó la Congregación del Santísimo Redentor, dedicándose a una evangelización accesible y a la formación de los marginados mediante las «Capillas Serotinas». Nombrado obispo de Sant’Agata dei Goti en su madurez, combinó su celo pastoral con una fecunda producción intelectual y artística —siendo autor del célebre villancico «Bajas de las estrellas» y de la fundamental «Teología moral»—, méritos por los que Pío IX lo declaró Doctor de la Iglesia y Pío XII lo proclamó patrono de confesores y moralistas.

Santos Siete Hermanos Macabeos

El martirio de los siete hermanos y de su madre ocurrió hacia el 168 a.C., a causa de su desobediencia al Rey Antíoco IV Epífanes, que les exigía ser infieles a la Alianza con Dios. (Cf 2 Macabeos,7). Su fe plena en la resurrección ha anticipado la fe en la vida eterna de los mártires cristianos.  

San Pedro Favre, sacerdote jesuita

San Pedro Fabro, primer sacerdote de la Compañía de Jesús y compañero inseparable de San Ignacio de Loyola en el voto fundacional de Montmartre, se distinguió como un apóstol incansable y un hombre de profunda vida interior, capaz de alternar con humildad la enseñanza en la prestigiosa Universidad de la Sapienza con la catequesis a los campesinos de Parma. Su obediencia al Papa lo convirtió en un peregrino perpetuo por los caminos de Europa, actuando como puente de diálogo en la Alemania de la reforma luterana y revitalizando la fe católica mediante la predicación y los Ejercicios Espirituales. Agotado por la fatiga de sus viajes misioneros, fue llamado a Roma para aportar su sabiduría al Concilio de Trento, donde falleció prematuramente tras dejarnos en su Memorial el testimonio escrito de una existencia consumida por el celo evangélico y el amor a la Iglesia.