31/07/26

San Íñigo López de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús

San Ignacio de Loyola, nacido en 1491 con el nombre de Íñigo y aspiraciones caballerescas, vio transformar radicalmente su vida tras ser herido de gravedad en la defensa de Pamplona en 1521; durante su larga convalecencia, la lectura de la vida de Cristo y de los santos le llevó a una profunda conversión, cambiando la búsqueda de gloria mundana por el seguimiento incondicional de Jesús. Tras un periodo de penitencia y mística en Manresa —cuna de sus célebres Ejercicios Espirituales— y completar sus estudios en París, fundó en 1534 la Compañía de Jesús junto a seis compañeros en Montmartre, vinculándose mediante un voto especial a la obediencia del Papa. Conocido como el «apóstol de Roma» por su infatigable gestión y su caridad hacia los pobres y enfermos en la Ciudad Eterna, impulsó desde allí un vasto movimiento misionero y educativo de excelencia intelectual hasta su muerte en 1556, dejando un legado espiritual que perdura hoy universalmente.

San Justino de Jacobis, de la Congregación de la Misión, obispo en Abisinia

San Giustino de Jacobis, religioso de la Congregación de la Misión y venerado como el «apóstol de Etiopía», encarnó el mandato misionero mediante una profunda inculturación y un espíritu ecuménico en el Cuerno de África. Tras servir heroicamente a los enfermos de cólera en Nápoles, llegó a Adua en 1839, donde estableció el Vicariato de Abisinia y centró sus esfuerzos en la formación de un clero autóctono, fundando el «Colegio de la Inmaculada» y guiando la conversión del beato Ghébré Michael. Ordenado obispo en 1849, su fecundo apostolado —que logró miles de conversiones y la apertura de centros en Gondar y Guala— se vio marcado por la persecución del negus Teodoro, lo que le llevó a sufrir el exilio y la muerte en Eritrea en 1860, siendo canonizado por Pablo VI en 1975 como un verdadero padre para la Iglesia etíope.