San Enrique II, emperador

San Enrique II, nacido en 973 y educado bajo una sólida formación cristiana que marcó su reinado como rey de Alemania y posterior Emperador del Sacro Imperio Romano (1014), se distinguió por armonizar su labor de gobierno con un profundo celo por la renovación eclesial. Promotor de la reforma de Cluny y fundador de la diócesis de Bamberga, combatió la simonía y defendió el celibato sacerdotal, llegando a presidir el Concilio de Pavía junto al Papa. Su legado de santidad se reflejó también en su vida conyugal junto a Santa Cunegunda, con quien mantuvo una unión ejemplar basada en el respeto al sacramento del matrimonio, negándose a repudiarla a pesar de la falta de descendencia; canonizado en 1146 por Eugenio III, sus restos reposan junto a los de su esposa en la catedral que él mismo mandó edificar.
San Esdras, escriba

San Esdras es el sacerdote del que se habla en la Biblia. Después del final de la esclavitud babilónica, el pueblo hebreo regresa a la nación, pero los años de cautiverio le debilitan la fe. Esdras se empeña con fuerza para volver compactos a los habitantes de la “nación sagrada” de la Alianza.
San Silas, discípulo de los Apostoles

Silvano, llamado Silas, es mencionado en los Hechos de los Apóstoles como uno de los «hombres eminentes» de la Iglesia de Jerusalén. Predica en Antioquía como profeta, acompaña a San Pablo en sus viajes y ayuda a San Pedro a escribir sus encíclicas; muere, quizás como mártir, en Macedonia.
