San Luis Gonzaga, jesuita, patrón de la juventud católica

San Luis Gonzaga, primogénito de una noble familia de Mantua destinado inicialmente a la carrera de las armas por deseo paterno, manifestó desde su infancia una profunda vocación religiosa que lo llevó a consagrarse a la Virgen a los diez años y a recibir la Primera Comunión de manos de San Carlos Borromeo. Tras vencer la férrea oposición de su padre y renunciar a sus títulos y herencia a los diecisiete años para ingresar en la Compañía de Jesús en Roma, se distinguió por una vida de intensa oración, penitencia y autocontrol, siendo considerado una joya espiritual por sus superiores. Su heroica caridad se manifestó durante una epidemia de tifus que asoló la ciudad, cuando, renunciando a cualquier privilegio y siguiendo el ejemplo de entrega total, cargó sobre sus hombros a un enfermo abandonado para llevarlo al hospital, contrayendo así la enfermedad que le causó la muerte a la temprana edad de veintitrés años, siendo posteriormente proclamado patrón de la juventud católica y de los estudiantes.