San Gregorio VII, papa

Hildebrando de Sovana fue elegido Papa en 1073. Vivió una época dura para la Iglesia. Las tensiones con Enrique IV, que quería administrar los nombramientos episcopales, desembocan en la excomunión del monarca, quien va a Canossa a pedir perdón. Pablo V lo proclama Santo en 1606.  

San Beda Venerabile, sacerdote benedictino, doctor de la Iglesia

San Beda el Venerable, nacido alrededor del año 673 y confiado desde niño al monasterio de Wearmouth y Jarrow, dedicó su vida entera a la oración, el estudio y la enseñanza, convirtiéndose en una de las figuras más eruditas de la Alta Edad Media gracias a su vasto conocimiento de las Escrituras, los clásicos y las lenguas antiguas. Reconocido como Doctor de la Iglesia y el mayor exégeta de Occidente tras la patrística, su legado incluye la monumental Historia eclesiástica del pueblo inglés y aportaciones fundamentales como la introducción del cálculo de los años antes y después de Cristo, así como el método para fijar la fecha de la Pascua. Este monje, cuyo lema vital era aprender, enseñar o escribir, falleció en 735 dejando una huella imborrable que llega hasta la actualidad, siendo incluso la fuente de inspiración para el lema del Papa Francisco, extraído de una de sus homilías sobre la misericordia divina en la vocación de San Mateo.

Santa María Magdalena de’ Pazzi, virgen

Santa María Magdalena de Pazzi, nacida en la Florencia renacentista de 1566 en el seno de una familia noble, ingresó a los dieciséis años en el monasterio buscando únicamente el poder del amor de Dios, iniciando así una vida marcada por la oración ferviente y una intensa temporada mística que quedó documentada en diversos manuscritos tras profesar sus votos aquejada por una enfermedad. Su trayectoria espiritual atravesó una fase de profundo sufrimiento interior y pruebas, durante la cual, impulsada por el deseo de renovación eclesial del Concilio de Trento, llegó a dictar en éxtasis valientes cartas al Papa y a los cardenales para combatir la tibieza de la fe, reivindicando su condición de esposa y no sierva de Dios. Tras superar esta etapa oscura, dedicó sus energías a la formación de novicias exhortándolas a amar al Amor, hasta que una dolorosa tuberculosis la llevó a vivir sus últimos tres años sumergida en el sufrimiento desnudo, falleciendo en 1607 a los 41 años y dejando un legado teológico centrado en la Trinidad que la llevó a los altares en 1669, conservándose sus restos incorruptos en Florencia.