San Juan Clímaco, abad del Sinai

Nacido en Siria alrededor del año 575, San Juan Clímaco forjó su santidad en el austero entorno del Monte Sinaí, ingresando al monasterio con apenas dieciséis años. Tras formarse bajo la tutela del abad Martirio, decidió retirarse a una cueva a los veinte años, dedicando cuatro décadas al estudio profundo de las Escrituras y a la oración contemplativa. Su sabiduría alcanzó tal renombre que, a pesar de su amor por la vida eremítica, aceptó servir como abad a petición de sus hermanos monjes, llegando su fama incluso a Roma, donde el Papa Gregorio Magno le escribió para encomendarse a sus oraciones. Finalmente, impulsado por la nostalgia del silencio y la soledad, renunció a su cargo para retomar su vida de ermitaño hasta su muerte, ocurrida después del año 650.
Su gran legado para la posteridad es el tratado espiritual conocido como La Escala del Paraíso (Klimax tou Paradeisou), obra que describe el ascenso del alma hacia Dios a través de treinta escalones, los cuales simbolizan los años de la vida privada de Cristo. Este camino de perfección se estructura en tres fases progresivas: comienza con la ruptura con el mundo para recuperar la inocencia o infancia espiritual; prosigue con la lucha activa para purificar las pasiones, reorientando esa energía vital hacia el Creador mediante la ascética; y culmina en la paz interior y la caridad, donde el alma experimenta la unión con Dios con una intensidad tal que Juan la compara con el eros o amor humano, definiendo la caridad como «fuente de inmortalidad y estado de los ángeles».
Beato Amadeo IX de Saboya



Por «razones de Estado» su matrimonio fue concertado desde su niñez con Yolanda de Valois. Pero ese matrimonio será especial pues ella, llena de fe, lo apoyará en sus tareas de gobierno realizadas atinadamente. Acogerán en su mesa a los pobres, que serán tratados siempre con bondad. Murió en 1472.
