Santos Siete Fundadores de la Orden de los Siervos de María.

En el siglo XIII, en medio de una Florencia agitada por guerras fratricidas, siete mercaderes pertenecientes a una compañía laica decidieron dar un giro radical a sus vidas, inspirados por las órdenes mendicantes de la época. Bonfiglio, Bonagiunta, Manetto, Amadio, Sostegno, Uguccione y Alessio renunciaron a sus riquezas, repartieron sus bienes entre los pobres y se retiraron a la penitencia y la contemplación. El 8 de septiembre de 1233, vistiendo túnicas de lana gris rústica, comenzaron su vida en común en Villa Camarzia, dedicándose a la oración, el trabajo y la mendicidad.
A pesar de buscar la soledad, su ejemplo de pobreza voluntaria y su sabiduría atrajeron a numerosos ciudadanos que buscaban consuelo, lo que propició el nacimiento formal de la Orden de los Siervos de María. Con la donación de terrenos en Monte Senario en 1234 y la adopción de la Regla de San Agustín en 1239, la comunidad se consolidó, aunque tuvo que superar el riesgo de supresión decretado por el Concilio de Lyon gracias a la intervención de Filippo Benizi.
La aprobación definitiva de la Orden llegó en 1304, un hito que solo pudo presenciar Alessio Falconieri, el último superviviente del grupo, quien falleció en 1310 a la extraordinaria edad de casi 110 años. Su legado se expandió con la rama femenina fundada por su sobrina, Santa Juliana, y perdura hasta hoy. En 1888, León XIII canonizó a los siete padres juntos, y sus restos descansan unidos en un único sepulcro en Monte Senario, simbolizando su fraternidad eterna.
