Santa Ágata, virgen y mártir de Catania

En la Sicilia del siglo III, las ciudades de Catania y Palermo se disputan el origen de Santa Águeda, quien habría nacido hacia el año 235 en el seno de una familia noble y rica. Siendo apenas una adolescente, manifestó su firme voluntad de consagrarse a Dios, recibiendo de su obispo el velo rojo distintivo de las vírgenes y dedicándose, según la tradición, al servicio de la comunidad como diaconisa. Sin embargo, su vida dio un giro dramático en el año 250 con el edicto del emperador Decio contra los cristianos, ejecutado en Catania por el despiadado procónsul Quinciano, quien se obsesionó con la joven. Tras un intento fallido de fuga a Palermo, Águeda fue capturada y devuelta a Catania, donde resistió tanto las amenazas como los intentos de corrupción moral a manos de la cortesana Afrodisia, manteniéndose fiel a su voto de castidad.

Durante el proceso judicial, se produjo un intenso debate sobre la verdadera libertad; mientras Quinciano le reprochaba vivir como esclava siendo de cuna noble, Águeda sostuvo con valentía que la máxima nobleza reside en ser sierva de Cristo, acusando a sus captores de ser esclavos del pecado. Ante su inquebrantable fe, el procónsul ordenó crueles torturas, llegando a mandar que le arrancaran los pechos. Aunque fue milagrosamente sanada en prisión por una aparición de San Pedro, al reafirmar que su cura provenía de Jesucristo, fue condenada a ser arrojada sobre carbones ardientes. Durante el suplicio, un fuerte terremoto sacudió la ciudad, provocando una revuelta popular que obligó a detener la tortura, aunque Águeda, agotada pero íntegra en su espíritu, falleció poco después en su celda el 5 de febrero del año 251 tras elevar una última plegaria de gratitud a Dios.

La santidad de Águeda fue confirmada por el pueblo apenas un año después de su muerte, cuando una violenta erupción del monte Etna amenazó con destruir Catania. Los habitantes, desesperados, llevaron el velo rojo de la mártir frente al avance del río de lava, logrando que este se detuviera milagrosamente. Este prodigio consolidó su culto y la convirtió en la patrona indiscutible de la ciudad, donde sus reliquias se veneran hasta hoy en la catedral dedicada a su memoria.

Santa Adelaida, abadesa

Su familia le construyó un monasterio en Vilich, Alemania. Adoptó la Regla Benedictina de las monjas de Santa María en el Capitolio, donde también su hermana era abadesa. Cuando murió su hermana, se convirtió en abadesa de los dos monasterios. Es venerada en Francia con el nombre de Alicia. 

Beata Isabel Canori Mora, madre de familia

Esposa del prometedor abogado Cristóbal, Elizabeth por muchos años sufrirá su infidelidad conyugal; conducta que llevará su familia a la pobreza. Como Terciaria Trinitaria confiará en Jesús y rezará por su marido. Fue beatificada en 1994 por Juan Pablo II, quien la llamó «una mujer de amor heroico».