San Tomás de Aquino, sacerdote dominico, doctor de la Iglesia, patrón de las escuelas católicas

San Alberto Magno no se equivocó cuando defendió a su discípulo Tomás, apodado el buey mudo por su carácter taciturno, profetizando que su mugido resonaría en todo el mundo. Nacido en el castillo de Roccasecca en el seno de una familia noble emparentada con el emperador, Tomás desafió las ambiciones políticas de su padre, que lo quería abad de Montecassino, al elegir ingresar en la orden mendicante de los dominicos. Esta decisión provocó tal rechazo familiar que fue secuestrado por su madre y hermanos y encerrado durante un año en el castillo; su determinación permaneció inquebrantable, incluso cuando intentaron disuadirlo introduciendo a una mujer en su celda, a la que ahuyentó con un leño ardiente, logrando finalmente escapar descolgándose en una cesta desde las murallas con la ayuda de sus hermanas.
Una vez libre, se formó en Colonia bajo la guía de San Alberto Magno y posteriormente enseñó en París, profundizando en el estudio de Aristóteles y defendiendo que la filosofía es un válido auxilio de la teología, pues la fe no anula la razón. Su inmensa producción intelectual incluye el himno Pange lingua y su obra maestra, la Summa Theologiae, donde expuso las cinco vías para probar la existencia de Dios. Sin embargo, el 6 de diciembre de 1273, tras una experiencia mística, dejó de escribir confesando que todo su trabajo le parecía paja en comparación con lo que se le había revelado. Falleció en 1274 en la abadía de Fossanova, a los cuarenta y nueve años, mientras viajaba convocado por el Papa al Concilio de Lyon.
Su legado intelectual fue analizado siglos después por G. K. Chesterton, quien destacó la capacidad de Tomás para conciliar la religión con la razón y la ciencia experimental, afirmando que los sentidos son las ventanas del alma. Para el escritor inglés, tanto Santo Tomás como San Francisco impulsaron una renovación del cristianismo desde dentro centrada en la Encarnación, demostrando que la verdadera ortodoxia permite ser más racional y natural, desplegando una teología liberal que nace de los misterios originales del catolicismo.
