San Raimondo de Peñafort, sacerdote dominico, cofundador de los Mercedarios.

Nacido en 1175 en una noble familia de Peñafort, Cataluña, San Raimundo destacó por una sólida formación que lo llevó a estudiar filosofía en Barcelona y a ejercer como profesor de Derecho canónico en Bolonia. Regresó a su tierra para enseñar en el seminario por invitación del obispo Berenguer IV y, en 1222, dio un giro a su vida ingresando en los dominicos. Un año más tarde colaboró con el futuro san Pedro Nolasco en la fundación de la Orden de los Mercedarios para el rescate de esclavos cristianos, además de redactar una importante guía para confesores. Su prestigio jurídico hizo que el Papa Gregorio IX le confiara la inmensa labor de recopilar y ordenar los actos pontificios; tras cumplir con éxito esta tarea monumental, rechazó el arzobispado de Tarragona para mantenerse como un simple fraile, aunque posteriormente debió aceptar el cargo de tercer Maestro General de la Orden, recorriendo Europa a pie hasta que el agotamiento lo obligó a renunciar a los setenta años.
Lejos de retirarse por completo, dedicó sus esfuerzos a la oración, el estudio y, muy especialmente, a la formación intelectual de los predicadores. Convencido de que la misión evangelizadora requería herramientas culturales sólidas para el diálogo y la persuasión, impulsó la creación de textos apologéticos y fundó escuelas de hebreo en Murcia y de árabe en Túnez. Falleció en Barcelona el 6 de enero de 1275, alcanzando la centenaria edad de cien años, y fue canonizado en 1601 por Clemente VIII; sus restos descansan actualmente en la catedral de la capital catalana.
San Luciano, sacerdote antioqueno, mártir



Sacerdote erudito y austero de Antioquia de Siria, preciso exégeta del Antiguo y del Nuevo Testamento, muere mártir en Nicomedia el 7 de enero 312, durante la persecución del emperador romano Maximino. Otro emperador, Constantino, se hace bautizar en su tumba.
San Polieuto, mártir



En Melitene, Armenia, en el periodo de las persecuciones de Decio, se obligó al soldado romano Polieuto a reconocer a los dioses y a ofrecerles un sacrificio. Deberá pagar su firme negativa con el martirio y será bautizado con su propia sangre. Se recuerda Polieuto mártir junto con san Nearco.
