Sacerdote de la Iglesia romana, Papa de 259 a 268, sostiene a los cristianos durante la persecución de Valeriano, ayuda a pobres, rescata prisioneros, envía dinero a comunidades lejanas de Roma. En la controversias teológicas del tiempo, defiende fuertemente la unidad y trinidad de Dios.
San Esteban, primer mártir
Inmortalizado por Dante en la Divina Comedia como ejemplo supremo de mansedumbre, San Esteban se erige en la historia de la Iglesia como el Protomártir, el primero en derramar su sangre por la fe en Cristo. Elegido a la cabeza de los siete primeros diáconos para asistir a los Apóstoles en la caridad y la predicación, este joven «lleno de fe y del Espíritu Santo» —probablemente de origen helenista— desató la ira de la sinagoga debido a sus prodigios y sabiduría. Acusado falsamente de blasfemia contra Moisés y el Templo, Esteban compareció ante el Sanedrín, donde pronunció un valiente discurso recapitulando la historia de la salvación y denunciando la resistencia de los líderes al Espíritu Santo. Su visión de los cielos abiertos y del Hijo del Hombre a la diestra de Dios precipitó su sentencia de muerte: fue arrastrado fuera de los muros de Jerusalén —tradicionalmente cerca de la Puerta de Damasco— y lapidado brutalmente. En ese trance final, bajo la mirada aprobadora del joven Saulo (el futuro San Pablo), Esteban selló su santidad imitando al Maestro hasta el extremo: entregó su espíritu y, con su último aliento, gritó una plegaria de perdón para sus verdugos, dejando un legado de amor heroico que la devoción cristiana ha venerado ininterrumpidamente desde el año 400.