San Siro, obispo de Pavia
Santa Leocadia, virgen y mártir
Durante las persecuciones de Diocleciano, en Toledo, la joven Leocadia fue arrestada por el prefecto Daciano y murió en prisión. Una leyenda del siglo VIII, dice que en su fiesta, Leocadia se le apareció a san Ildefonso y le cortó un trozo de su velo que aún se conserva como reliquia en Toledo.
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin
En el amanecer del 9 de diciembre de 1531, Juan Diego —nombre cristiano del indígena Cuauahtlatoatzin, «el que habla como un águila»— vive un encuentro trascendental mientras atraviesa el árido cerro del Tepeyac. Atraído por un canto de pájaros y una voz dulce, este humilde campesino de 57 años se encuentra con la Virgen María, quien se identifica como la Madre del verdadero Dios y le encomienda una misión clara: solicitar al obispo la construcción de un templo en ese lugar. Sin embargo, su tarea se topa con el escepticismo de Monseñor Zumárraga, quien no cree en el relato y exige una señal para validar la aparición.
La situación se complica cuando el tío de Juan Diego enferma gravemente, lo que lleva al indio a intentar evitar un nuevo encuentro con la Señora el 12 de diciembre para buscar un sacerdote. La Virgen lo intercepta, le asegura que su tío ya está curado y le ordena subir al cerro a recoger unas «rosas de Castilla», flores imposibles de hallar en pleno invierno. Juan Diego obedece y lleva las flores envueltas en su tilma ante el obispo; al desplegar la manta, ocurre el prodigio: las rosas caen y en la tela aparece impresa la imagen de la Virgen Morenita. Este milagro convence al obispo, quien ordena la construcción inmediata de la capilla, donde Juan Diego serviría como fiel guardián durante 17 años hasta su muerte, siendo finalmente canonizado por Juan Pablo II en 2002.
