Santa Margarita de Escocia
Su reinado se caracterizó por una intensa labor reformadora, tanto social como eclesial. Uniformó los cultos locales con los de la Iglesia de Roma, regulando el ayuno cuaresmal, la celebración de la Pascua y el descanso dominical, además de promover la confesión frecuente. Fomentó la educación religiosa, la construcción de iglesias y la llegada de monjes benedictinos que recuperaron antiguas abadías. En la intimidad, equilibraba estas grandes obras con el bordado de vestiduras sagradas y la lectura espiritual, influyendo positivamente en el carácter de su esposo.
El final de su vida estuvo marcado por el dolor y la santidad. Estando ya gravemente enferma en 1093, recibió la noticia de que su marido y su hijo mayor habían muerto en la batalla de Alnwick contra Guillermo el Rojo. Lejos de la desesperación, su confesor y biógrafo Turgot recogió sus últimas palabras, una oración en la que agradecía a Dios esa aflicción final como medio para purificar sus pecados. Falleció el 16 de noviembre y fue canonizada en 1250 por Inocencio IV en reconocimiento a su fidelidad a la Iglesia y su inmensa caridad; hoy, la capilla que lleva su nombre sigue siendo el edificio más antiguo del castillo de Edimburgo.
Santa Gertrudis, virgen benedictina
Gertrudis nació en Eisleben, Alemania y creció en el monasterio cisterciense femenino de Helfta, Sajonia. A la edad de 26 años, tuvo una visión de Jesús y decidió consagrarle su vida. Las experiencias místicas y las pruebas físicas no la abandonarán hasta su muerte en 1302. Fue canonizada en 1738.
Santa Inés de Asís, hermana de Santa Clara, virgen
Siguiendo el ejemplo de Clara, su hermana mayor, Inés amó a Jesús y a los pobres y entró al convento de San Damián. Vivió con mucho amor y fidelidad la Regla Franciscana, como lo recomendaba Clara. Fundó el segundo convento de las Clarisas en Florencia en 1219, donde vivió hasta su muerte en 1253.
