Santa Marta, discípula del Señor

Santa Marta de Betania, hermana de Lázaro y María, encarna en la tradición cristiana el modelo de la laboriosidad y la hospitalidad solícita, recordada por la célebre escena evangélica donde Jesús la invita a no dejar que el afán del servicio ahogue la escucha de la Palabra, enseñando así la necesaria complementariedad entre la vida activa y la contemplativa. Sin embargo, su figura trasciende el servicio doméstico para erigirse como un pilar de fe ante la muerte de su hermano, momento en el que pronuncia una de las confesiones cristológicas más profundas del Nuevo Testamento: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios». Según antiguas tradiciones, tras las primeras persecuciones en Tierra Santa, llevó la luz del Evangelio hasta las costas de la Provenza francesa; hoy la Iglesia celebra su memoria cada 29 de julio, venerando en ella tanto la diligencia de las manos como la certeza del corazón.
San Felicio, mártir en la via Portuense
Félix, o Felicio, fue uno de los primeros mártires cristianos de la historia, de cuya vida poco o nada se sabe. Se conoce solo con certeza el lugar de su sepultura en Roma, cerca de la tercera milla de la Via Portuense, en el cementerio que más tarde tomó el nombre de este Santo.
Santa Beatriz

Santa Beatriz, mártir romana durante la feroz persecución de Diocleciano, demostró una valentía heroica al rescatar de las aguas del Tíber los cuerpos de sus hermanos, los santos Simplicio y Faustino, para darles cristiana sepultura tras haber sido asesinados por su fe. Su inquebrantable fidelidad a Cristo la llevó a compartir su mismo destino, siendo encarcelada y ejecutada tras negarse a apostatar. Sus restos reposaron inicialmente en la catacumba de Generosa en la Vía Portuense —donde el fresco de la Coronatio Martyrum la inmortaliza recibiendo la gloria junto a sus hermanos—, hasta que en el año 682 el Papa León II trasladó sus reliquias a la iglesia de Santa Bibiana, encontrando su descanso definitivo posteriormente en la Basílica de Santa María la Mayor, extendiendo así un culto que ha hecho de su nombre uno de los más amados en la tradición cristiana.
San Lázaro

San Lázaro, residente en Betania y hermano de Santa Marta y Santa María, es venerado como el amigo predilecto de Jesús, quien protagonizó con él uno de los milagros más trascendentales del Evangelio: su resurrección tras cuatro días en el sepulcro, prefiguración de la victoria de Cristo sobre la muerte. Este acontecimiento, que despertó la fe de muchos pero también el odio de los sumos sacerdotes, marcó su destino posterior, envuelto en dos grandes tradiciones: la oriental, que lo sitúa como obispo de Citio en Chipre durante treinta años; y la occidental, recogida en la Leyenda Dorada, que narra su arribo milagroso a las costas de Provenza en una barca sin timón, convirtiéndose en el primer obispo de Marsella y sufriendo el martirio bajo la persecución de Nerón.
