San Justino, filósofo y mártir

San Justino, nacido en el siglo I en Samaria, inició una intensa búsqueda intelectual de Dios a través de las diversas escuelas de filosofía griega que, sin embargo, no lograron satisfacer su anhelo de verdad hasta que un anciano le mostró el camino de los Profetas y la fe en Cristo. Tras su conversión y bautismo en Éfeso hacia el año 130, se estableció en Roma fundando una escuela donde puso su agudeza filosófica al servicio del Evangelio, defendiendo a los cristianos perseguidos y articulando la fe con categorías racionales en sus famosas Apologías. Su valiente confrontación pública con el filósofo Crescente provocó su encarcelamiento bajo la acusación de ateísmo y subversión, culminando en su martirio por decapitación hacia el año 165 durante el reinado de Marco Aurelio, dejando un legado teológico perdurable que une la razón filosófica con el Logos cristiano y que es reconocido incluso por el Concilio Vaticano II.