Santa Rita de Casia, religiosa agustina

Margarita Lotti, conocida como Rita, nació en 1371 en Roccaporena y, tras recibir una formación religiosa, se casó con Paolo di Mancino, con quien tuvo dos hijos y a quien logró acercar a la fe cristiana mediante su paciencia y amor. Tras el asesinato de su esposo en medio de conflictos políticos de la época, Rita perdonó a los asesinos y rezó para que sus hijos no buscaran venganza, quienes finalmente fallecieron por enfermedad, lo que ella interpretó como la salvación de sus almas al evitar el pecado del rencor. Al quedarse sola, logró mediante la oración la pacificación entre las familias rivales, condición necesaria para ser admitida posteriormente en el monasterio agustino de Santa María Magdalena, donde destacó por su obediencia, simbolizada en el milagro de la vid que brotó de un leño seco, y por su caridad hacia los enfermos. En 1432 recibió el estigma de una espina de la corona de Cristo en su frente, herida que portó durante quince años hasta su muerte en 1447. Es venerada como la santa de las rosas debido al milagro ocurrido en su lecho de muerte, cuando pidió y recibió una rosa y dos higos frescos de su antiguo huerto en pleno invierno, signo de que Dios había acogido a su esposo e hijos en el cielo.
Santa Julia, virgen y mártir en Córsega



Santa Julia, una cristiana de origen cartaginés que fue vendida como esclava al pagano Eusebio, se distinguió siempre por cumplir sus deberes con admirable dedicación mientras mantenía una vida de oración y ayuno constantes. Durante una travesía marítima que se detuvo en Nonza, Córcega, alrededor del año 303, fue raptada de la embarcación por unos paganos mientras su amo dormía, debido a su negativa a participar en sacrificios y renegar de su fe. Declarando que su única libertad era servir a Cristo, Julia soportó valientemente la flagelación y diversas torturas, aceptando finalmente morir crucificada a imitación de Jesús para alcanzar la palma del martirio y la gloria eterna.
