San Isidro, obispo de Sevilla y doctor de la Iglesia

San Isidoro de Sevilla es reconocido como uno de los Doctores de la Iglesia más prolíficos y un puente fundamental entre la antigüedad clásica y la Edad Media. Aunque vivió entre los siglos VI y VII, su inmensa capacidad para sistematizar el conocimiento humano motivó que, durante el pontificado de Juan Pablo II, fuera propuesto popularmente como patrón de Internet. Su santidad tuvo raíces profundas en su propio hogar, pues tras quedar huérfano de padre en Cartagena, fue educado por su hermano mayor, San Leandro, a quien sucedería en la cátedra episcopal. La excepcionalidad de su familia reside en que sus tres hermanos, Leandro, Fulgencio y Florentina, también fueron venerados como santos, y cuenta la leyenda que un enjambre de abejas dejó miel en los labios de Isidro siendo un bebé, presagiando la dulzura de su futura enseñanza.

Su labor pastoral en Sevilla se extendió durante treinta y seis años, tiempo en el que transformó la Iglesia de su época mediante la defensa de la fe frente a herejías como el arrianismo y el impulso a la conversión de los visigodos, llegando a presidir el IV Concilio de Toledo en el año 633. Isidoro no solo fue un guardián de la doctrina, sino un innovador que enriqueció la liturgia al reforzar el rito mozárabe, también conocido como isidoriano, y que se preocupó profundamente por la formación del clero, fundando el primer colegio destinado a la educación de los candidatos al sacerdocio, lo que lo convierte en el precursor de los seminarios modernos.

Su legado intelectual culminó en su obra maestra titulada Etimologías, un compendio monumental de veinte libros que organizaba todo el saber de su tiempo, desde la gramática y las matemáticas hasta la medicina y la teología. Esta obra es considerada la primera enciclopedia de la historia y demuestra la curiosidad inagotable de Isidoro, quien a pesar de haber sido un estudiante perezoso en su juventud, comprendió que la constancia y la voluntad eran esenciales para alcanzar la sabiduría, logrando con su pluma que el conocimiento antiguo no se perdiera para las generaciones futuras.

San Benito el Moro, franciscano

Nacido cerca de Messina en 1524 de descendientes de esclavos africanos, por el color de su piel Benito fue apodado “el Santo Moro”. Después de la disolución de la comunidad ermitaña del Monte Pellegrino, entró en la de los Frailes Menores, donde fue cocinero y maestro de novicios.