San Patricio, obispo, apóstol de Irlanda

Nacido en la Britania Romana bajo el nombre de Maewyn Succat, la vida del joven Patricio cambió drásticamente cuando, entre los quince y dieciséis años, fue secuestrado por piratas y vendido como esclavo en el norte de Irlanda. Durante seis años de cautiverio, cuidando rebaños en bosques y montañas, experimentó una profunda conversión interior, dedicando sus días y noches a la oración constante. Guiado por un sueño premonitorio, logró escapar recorriendo doscientos kilómetros hasta la costa para regresar con su familia, pero una nueva visión lo llamó a volver a la tierra de su esclavitud para evangelizar a los irlandeses.

A pesar de las críticas sobre su formación académica, interrumpida por sus años de servidumbre, fue ordenado sacerdote y posteriormente consagrado Obispo de Irlanda por el Papa Celestino I, llegando a la isla en el año 432. Allí, donde otros habían desistido, Patricio perseveró durante casi cuarenta años enfrentando peligros de muerte y encarcelamientos. Su labor misionera fue infatigable: convirtió a miles, introdujo la vida monástica y estableció la sede episcopal en Armagh, utilizando, según la tradición, el trébol para explicar el misterio de la Santísima Trinidad.

Falleció el 17 de marzo de 461 en Saúl, lugar de su primera victoria evangélica. Sus restos fueron trasladados a la Catedral de Down, hoy conocida como Downpatrick. Aquel joven esclavo que aprendió a orar en la soledad de los montes se convirtió así en el apóstol de toda una nación, cuya fiesta se celebra mundialmente cada aniversario de su muerte.

San Juan Sarcander, sacerdote y mártir

Nacido en Silesia en 1576, Juan Sarkander reorientó su vida hacia el sacerdocio tras la muerte prematura de su prometida, ordenándose a los 32 años después de una sólida formación con los jesuitas. Su ministerio como párroco de Holešov coincidió con una época convulsa marcada por la revuelta de los nobles bohemios protestantes contra el Imperio Austríaco. Tras una peregrinación a Częstochowa, regresó a su parroquia justo cuando las tropas polacas asolaban Moravia, logrando salvar su ciudad de la devastación al salir al encuentro de los soldados encabezando una procesión eucarística.

Sin embargo, este acto valiente fue utilizado en su contra: acusado de espionaje a favor del rey polaco, aliado del emperador, fue encarcelado y sometido a interrogatorios y torturas extremas durante un mes. Falleció en prisión el 17 de marzo de 1620 a consecuencia de los sufrimientos infligidos. Su testimonio fue reconocido oficialmente el 21 de mayo de 1995, cuando Juan Pablo II lo canonizó, destacando su figura como un símbolo de fidelidad en medio de las contradicciones de la historia y honrando en él a todos los cristianos de Europa del Este que resistieron la opresión y la violencia.