San Pier Damiani, obispo de Ostia y cardenal, doctor de la Iglesia, camaldolense

San Pedro Damián tuvo un inicio de vida marcado por la penuria en Ravena, siendo el último de una familia numerosa y pobre. Tras quedar huérfano, fue tratado como un esclavo por uno de sus hermanos, quien lo obligó a cuidar cerdos, hasta que otro hermano, arcipreste, lo rescató y se encargó de su educación. En gratitud y reconocimiento a este trato filial, Pedro adoptó el nombre de Damián. Su juventud estuvo salpicada de episodios que denotaban una profunda sensibilidad espiritual y generosidad, como cuando prefirió pagar una misa con una moneda encontrada en lugar de comprar dulces, o cuando aprendió una dura lección sobre el egoísmo al compartir pan con un mendigo ciego.
Decidido a abandonar el mundo, ingresó en la comunidad de ermitaños de Fonte Avellana tras conocer a dos discípulos de la reforma de San Romualdo. Allí abrazó la austeridad, la oración y la lectura espiritual, llegando a ser prior y revitalizando la vida monástica de la región con la fundación de nuevas casas. Sin embargo, su retiro fue interrumpido por las necesidades de una Iglesia asediada por los vicios de la impureza y la simonía. Por estricta obediencia al Papa Esteban IX, aceptó en 1057 el nombramiento de Cardenal y Obispo de Ostia para combatir estos males.
Su vida concluyó tras cumplir una última misión diplomática para pacificar Ravena con el Papa. A su regreso al convento, cayó enfermo de fiebre y falleció el 21 de febrero de 1072. Su fama de santidad fue inmediata entre la gente, siendo reconocido oficialmente por la Iglesia y declarado Doctor de la Iglesia en 1828.
