Beato Jordán de Saxonia, sacerdote dominico

«Vivir honestamente, amar, enseñar» fue el lema que resumió la vida del Beato Jordán de Sajonia, nacido en Westfalia y conocido por ser el sucesor inmediato y fiel intérprete de Santo Domingo de Guzmán. Su encuentro con el fundador en París en 1219 marcó su destino; tras tomar el hábito dominicano en 1220, desplegó unas dotes oratorias excepcionales que, unidas a su entusiasmo evangelizador, le granjearon el aprecio tanto de los pobres como de los universitarios, convirtiéndose en un imán de vocaciones para la Orden.
Bajo su guía, la familia dominicana experimentó una expansión sin precedentes, pasando de trescientos a cuatro mil frailes y multiplicando sus casas por diez. Jordán no solo impulsó las misiones y redactó las primeras Constituciones, sino que luchó por la independencia de la Orden y logró la inclusión jurídica de las monjas dominicas. Su liderazgo se caracterizó por la mansedumbre y la bondad, prefiriendo la corrección amable al rigor, bajo la premisa de que «más vale perder la sotana que la piedad». Devoto de María y hombre de profunda oración, tuvo la dicha de ver la canonización de Santo Domingo por Gregorio IX.
Su vida terrena concluyó trágicamente tras una peregrinación a Tierra Santa, cuando el barco en el que regresaba naufragó cerca de Acre. La tradición narra que su cuerpo fue hallado envuelto en una cruz de luz y que, en el momento de su muerte, la futura Santa Ludgarda tuvo una visión de su alma en el cielo entre apóstoles y profetas. Aunque sus restos se dispersaron tras la invasión turca, su legado perdura como el del gran consolador y arquitecto de la expansión dominica.
