San Marcelo I, papa y mártir

Papa del 308 al 309, vive las persecuciones de Diocleciano y Galerio. Contestado por los rigoristas, muestra el rostro misericordioso de la Iglesia al readmitir a los lapsi -que abjuraron de su fe- previa penitencia. Muere mártir en exilio.  

Santa Priscila, matrona romana, fundadora del cementerio homónimo sobre la via Salaria

Esta santa romana del siglo I, no es fácil de identificar. Podría ser la esposa de Aquila, comprometida en la primera evangelización cristiana (cf Hch 18,26); o la fundadora del cementerio homónimo de la Vía Salaria que acogió a san Pedro en su casa; según otros habría sido una esclava liberada.  

San José Vaz

Dividido entre el valor y el miedo ante una misión arriesgada, José Vaz llegó a la isla de Ceilán en 1686, con treinta y cinco años, oculto tras los harapos de un mendicante para pasar desapercibido ante la aguda vigilancia de los calvinistas holandeses que perseguían a los católicos. Este sacerdote indio de Goa, caracterizado por su inteligencia, humildad y tenacidad, había deseado esta misión durante años, incluso mientras servía como vicario apostólico o cuando lideraba la naciente comunidad de sacerdotes indios en el Monte Boa Vista, que más tarde se asociaría a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Impaciente por socorrer a los fieles dispersos, ideó un plan para entrar clandestinamente en la isla haciéndose pasar por esclavo, llevando consigo una estrategia tan simple como eficaz para identificarse: una corona del Rosario.

Sus inicios fueron extremadamente duros; tras sobrevivir a una enfermedad que lo dejó languideciendo como la víctima del buen samaritano al borde del camino, José utilizó el Rosario colgado al cuello como señal secreta para identificar a las familias católicas que ocultaban su fe en Jaffna. Una vez ganada su confianza, comenzó una incansable labor de reevangelización mediante misas nocturnas y la administración de sacramentos en secreto. A pesar de que las autoridades ofrecieron recompensas por su captura y difundieron noticias falsas acusándolo de ser un espía portugués, la fidelidad de los locales, que llegaron a sufrir prisión y martirio por protegerlo, le permitió refugiarse en el pequeño reino de Kandy.

Allí, aunque fue encarcelado inicialmente debido a los rumores, su mansedumbre en prisión llamó la atención del rey budista Vilamadharma, quien decidió conocerlo y terminó forjando con él una sólida amistad. La consagración definitiva de su figura ante el pueblo llegó en 1697 durante una terrible epidemia de viruela; la dedicación del Padre José curando enfermos e imponiendo normas de higiene para frenar el contagio demostró una grandeza moral superior a cualquier prejuicio. Gracias a la protección real y la llegada de diez nuevos oratorianos, la misión floreció con traducciones del Evangelio al tamil y cingalés. Cuando José Vaz falleció agotado el 16 de enero de 1711, el antiguo esclavo de Dios dejaba tras de sí una iglesia vibrante con setenta mil bautizados, quince iglesias y cuatrocientas capillas.