Santa Francisca Saverio Cabrini, virgen, fundadora de las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús
Nacida en 1850 en Sant’Angelo Lodigiano, Lombardía, Santa Francisca Javier Cabrini transformó los obstáculos de su vida —la orfandad temprana y una salud frágil que le cerró las puertas de la vida conventual tradicional— en el motor de una vocación extraordinaria. Tras dedicarse a la enseñanza y al cuidado de huérfanos, fundó el Instituto de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, adoptando el nombre «Javier» en honor al santo patrono de las misiones. Su visión profética le permitió comprender que la modernidad estaría definida por los grandes movimientos migratorios, una intuición que, como ha señalado el Papa Francisco, la llevó a formar mujeres consagradas con un horizonte sin límites, dotadas de un carisma propio y no meramente auxiliar, dispuestas a colaborar con las iglesias locales en cualquier rincón del planeta.
Esta vocación la impulsó a cruzar el océano hacia Estados Unidos para asistir material y espiritualmente a los inmigrantes italianos, compartiendo con ellos la incertidumbre y las penurias de las travesías. Su incansable labor se materializó en la fundación de escuelas, hospitales y orfanatos no solo en Norteamérica, sino también en Europa y América del Sur, extendiendo su obra por países como Argentina y Brasil. Falleció en 1917 en Chicago, en uno de los hospitales que ella misma erigió para los necesitados, y su legado de amor hacia los desplazados fue reconocido universalmente por la Iglesia al ser canonizada por Pío XII en 1946 y proclamada posteriormente «Celeste Patrona de todos los Inmigrantes», descansando hoy sus restos en la ciudad de Nueva York.
