Los misterios gloriosos están dedicados a la gloria de Dios, a cómo se manifiesta a través de Nuestro Señor Jesucristo en la resurrección y en su Deidad, en la venida y entrega del Espíritu Santo,  en la asunción al cielo y coronación como Reina celestial de nuestra Santa madre María.

La resurrección del Hijo de Dios

Lucas 24, 1:8
1El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. 2Encontraron corrida la piedra del sepulcro. 3Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 4Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. 5Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, 7cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar». 8Y recordaron sus palabras.
(Mateo 28, 1:10 | Marcos 16, 1:16 | Juan 20-21)



La Resurrección de Jesús es muestra del poder de Dios sobre la muerte y de su Gloria Eterna, el Cielo. Jesús abre las puertas del cielo tras resucitar al tercer día, llevando consigo a la vida eterna a cuantos descansaban esperando la llegada del Mesías. La muerte no tiene poder sobre Dios, Él es el único con potestad sobre nuestras almas y quien las elevará a la Vida Celestial, así como Él bajó a los infiernos para llevar consigo a las almas.

La Resurrección de Jesús es a su vez el pilar central de nuestra fe, el Cristianismo no se entiende sin la Resurrección de Cristo anunciada en los Evangelios y proclamada por los apóstoles y la Iglesia, perseguida por anunciar la Buena Nueva de la bondad de Dios, quien siendo hombre verdadero y Dios verdadero bajó del cielo, para con su Pasión en la Cruz salvar a los hombres.

Señor, que mantengamos siempre presente el poder de Dios y sea el recuerdo de que a nada se debe temer. No olvidemos que no nacimos para este mundo, sino que siguiendo a Jesús nos espera su promesa de vida eterna. No nos dejes llevar por los placeres terrenos y los desórdenes  de la carne. Guíanos y enséñanos a mantenernos junto a ti Jesús.

La Ascensión del Señor al cielo

Mateo 28, 18:20

18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
(Marcos 16, 19)

Hechos 1, 6:11

6Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?». 7Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; 8en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra». 9Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. 10Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, 11que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».


Una vez resucitado, Jesús asciende al Cielo, no sin antes visitar a sus discípulos para proclamar su ascenso al cielo y resurrección a quien dudaba. En el Reino de los Cielos, Jesús reina eternamente y es eternamente alabado por los ángeles y los santos. Cristo murió en la cruz para la salvación de todas las almas y lo proclaman los Evangelios. Por ello, nosotros cristianos tenemos el deber de anunciar el Evangelio y mostrar el amor de Dios en nuestro apostolado, para acercar las almas a Jesús. Así pues, ordena a la Iglesia bautizar a los pueblos en el nombre de Dios trino y guiarlos en el cumplimiento de sus mandamientos. 

Jesús es rey por siempre, celestial y terreno como cabeza de su Santa Iglesia, pastor de sus ovejas.

Cristo nos proclama su resurrección y ascenso al cielo continuamente, para que nos acojamos a sus misericordiosas promesas. El Cordero sacrificado se entregó por nuestra salvación y la de todas las almas, anunciemos el Reino de los Cielos y su gloria eterna para que la Pasión de Cristo acoja a las ovejas perdidas. Seamos ejemplo de obediencia, demostremos nuestro amor a Jesús guardando sus preceptos y sintámonos prontos hacia su voluntad. Sintámonos llamados a la vocación universal de santidad, la llamada de Jesús a acompañarlo en el cielo. No perdamos la esperanza y confiemos en la providencia de Dios, Jesús es nuestro pastor, Él nos guía y protege.

La venida del Espíritu Santo

Hechos 2, 1:4

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. 3Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. 4Se llenaron todos de Espíritu Santo(…)


Los discípulos de Jesús se encontraban escondidos y con miedo a ser perseguidos, hasta que pasados 50 días desde la muerte de Cristo (día de Pentecostés) el Espíritu Santo descendió del cielo y manifestó su gloria a través de los primeros cristianos. Es así el efecto del Espíritu Santo, que los presentes reciben dones de lenguas y empiezan a hablar en lenguas que antes no conocían. Además, el Espíritu Santo se manifiesta en Pentecostés de forma estrepitosa, con gran ruido y alboroto, llamando la atención de los demás habitantes. Dios no esconde su gloria, sino que la manifiesta a través de su Iglesia para atraer a las almas a ella. Es en Pentecostés donde el Espíritu Santo es recibido por la Iglesia, de modo que dejan de temer por su fe en Cristo y predican el Evangelio a todos los pueblos, desde la península Ibérica hasta la India y desde Etiopía al mar Negro. 

Que nos guíe el Espíritu Santo, seamos recipiente piadoso del Espíritu Santo para poder expresar a todo el mundo la gloria y el amor de Dios. Estemos unidos a la voluntad de Dios con la guía del Espíritu Santo en las adversidades y dificultades, cuando llega la tentación o el miedo. Pidamos la salvaguarda de Dios a través del Espíritu para llevar a cabo su Reino aquí en la tierra.

La Asunción de María al cielo

Lucas 1, 35

35El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va


Nuestra madre María fue concebida sin pecado original y permaneció pura sin mancha alguna, de modo que Jesús se encarnó de María virgen por obra y gracia del Espíritu Santo. María, mujer tan virtuosa y llena de gracia, por cuya obediencia se hizo madre del Salvador y por la cual abrió el camino hacia la vida eterna.

Asunta a los cielos, su cuerpo no sufrió descomposición. Dios elevó a su madre en cuerpo y alma, de modo que aquel cuerpo que no vio corrupción en vida, que fue vientre y cuna de Dios, no viera corrupción alguna jamás. 

Sepamos seguir el ejemplo de nuestra Santa Madre María, que supo entregar su voluntad a Dios y con ello colaborar grandiosamente en la salvación de la humanidad. Pero la vida de nuestra Madre no se reduce solo a ser la madre de Cristo, ella vio cómo torturaron, crucificaron y mataron a su hijo. Sin embargo, no huyó, sino que acompañó a Jesús en la Pasión de su entrega y permaneció a los pies de la cruz. Acompáñanos, Madre, guíanos en tu pureza y entrega hacia los demás.

La coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado

Apocalipsis 12, 1

1Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza


Así como María fue asunta a los cielos, allí tiene una incesante actividad intercesora por nosotros, depositando nuestras plegarias a los pies de su hijo Jesucristo. María es la pesadilla del maligno y nos protege en la tentación guiándonos en el camino hacia Jesús en el cielo. Elegida por Dios para ser su madre,  a través de su misericordia logra acercar tantas almas a su hijo y llevar su gloria en la oración. Madre nuestra, herramienta de Dios para la conversión de las almas, Virgen de Guadalupe, Virgen de Fátima, Virgen de las Vírgenes. Madre de la Iglesia que tanto la amamos, la misma Santa Iglesia de la que formó parte junto a los apóstoles.

Oh Santa Madre nuestra, intercede por nosotros en el Cielo y acércanos a tu hijo Jesús. A tu amor nos acogemos Madre, ven a nosotros cuando nuestras fuerzas flaqueen y protégenos de las tentaciones del maligno. Ayúdanos a proclamar la Gloria de Dios y llevar a cabo el Reino celestial aquí en la tierra. A ti te veneramos, Santa María siempre Virgen, venerada por todas las generaciones, tú que aceptaste la voluntad de Dios y te hiciste su madre, ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.