Segundo Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: Santificación del hogar y la familia

El apostolado y las enseñanzas de San Josemaría, se dirigieron constantemente a mejorar la situación de las familias para que estuvieran vivificadas por el espíritu de Jesucristo y fueran así, como solía decir, “hogares luminosos y alegres”.

Del mismo modo que consideró la santificación del trabajo como un deber primario, igualmente apreció el cumplimiento de los deberes familiares como un medio de máxima importancia para la unión con Dios.

Como, en buena parte, la voluntad de Dios se manifiesta a través de las obligaciones profesionales y familiares, al cumplir los deberes del trabajo y de la familia, estamos cumpliendo nuestra vocación de hombres o mujeres que viven en medio del mundo.

Por lo menos desde 1928, San Josemaría predicaba que el matrimonio constituye una vocación específica para muchos. Y que para ellos, es un camino real de santidad. Estas enseñanzas, que pertenecen al patrimonio doctrinal perenne de la Iglesia, y que fueron recordadas, muchos años después, por el Concilio Ecuménico Vaticano II, sin embargo dieron origen a incomprensiones, acusaciones, e incluso a una dolorosa persecución; pero el Santo sacerdote afirmó siempre, con absoluta convicción, que no es preciso salir del propio sitio para alcanzar la santidad, sino, al contrario, que se debe perseverar en el cumplimiento de los propios deberes, comenzando por los familiares.

Sufría mucho al constatar los ataques a la familia, a la santidad, a la unidad e indisolubilidad del matrimonio, y por las campañas contra la vida y la dignidad del amor humano, e instaba a sus hijos y a muchas otras personas, a desagraviar por esos pecados y a contrarrestar aquellos males, procurando “ahogar el mal en abundancia de bien”.

Textos de san Josemaría

«Me conmueve que el Apóstol califique al matrimonio cristiano de «sacramentum magnum» –sacramento grande. También de aquí deduzco que la labor de los padres de familia es importantísima.

Participáis del poder creador de Dios y, por eso, el amor humano es santo, noble y bueno: una alegría del corazón, a la que el Señor –en su providencia amorosa– quiere que otros libremente renunciemos.

Cada hijo que os concede Dios es una gran bendición divina: ¡no tengáis miedo a los hijos!».

Forja, n. 691

Oración

Te damos gracias, Señor, porque has santificado la vida familiar, naciendo y viviendo en el seno de la Sagrada Familia; y porque nos has dado a los cristianos el sacramento del matrimonio, como camino real de santidad y fuente de gracias y felicidad. Concédenos que sepamos corresponder a dones tan altos y guardar con fidelidad el tesoro del amor humano. Así sea.

Jaculatoria

“Jesús, José y María, proteged a nuestras familias”.