Santa Catalina de Suecia, virgen, hija de Santa Brígida

Nacida en Suecia en 1331, Catalina creció inmersa en la fe y la caridad gracias al ejemplo de su madre, Santa Brígida, con quien visitaba hospitales desde niña. A pesar de su inclinación a la vida religiosa, obedeció a su padre al contraer matrimonio con Edgar von Kyren a los catorce años, logrando sin embargo convivir con él en castidad y oración. Tras reunirse con su madre en Roma para el Año Santo de 1350, enviudó y atravesó un periodo de profunda inquietud y nostalgia, debiendo protegerse de pretendientes no deseados mientras discernía su futuro.

Una visión de la Virgen María la confirmó en su misión de apoyar totalmente la labor de su madre. Durante dos décadas, ambas compartieron en Roma una vida de austeridad, catequesis y peregrinación. Tras el fallecimiento de Brígida en 1373, Catalina trasladó sus restos al monasterio de Vadstena, donde profesó como religiosa y se convirtió en abadesa.

Sus últimos años los dedicó a la consolidación de la obra materna, regresando a Roma para gestionar la aprobación de la Regla de la Orden del Santísimo Salvador, concedida por Urbano VI en 1378, y para promover la causa de canonización de su madre. Cumplida su misión, retornó a Vadstena, donde falleció el 24 de marzo de 1381.