San Fidel de Sigmaringen, sacerdote mártir

Mark Reyd, nacido en 1577 en el seno de una familia de burgomaestres, destacó desde joven por su talento intelectual, lo que le llevó a ejercer primero como tutor itinerante por Europa y más tarde como abogado defensor de los que no podían costearse uno. Sin embargo, a los treinta y cuatro años dio un giro radical a su existencia al ordenarse sacerdote e ingresar en la estricta orden de los capuchinos de Friburgo, adoptando el nombre de Fidel. Su vida religiosa se caracterizó por la austeridad, la penitencia y una entrega heroica durante las epidemias de peste, aunque fue su faceta de predicador la que le granjeó mayor fama, logrando numerosas conversiones gracias a un discurso sencillo pero firmemente anclado en las Escrituras.

Su capacidad oratoria motivó que se le confiara la peligrosa misión de predicar en la región de Rezia, zona de fuerte influencia calvinista donde las tensiones religiosas eran constantes. A pesar de sufrir atentados y saber que su vida corría peligro, Fidel no cesó en su empeño evangelizador hasta el 24 de abril de 1622, cuando cayó en una trampa en Séwis. Tras predicar, fue rodeado por soldados que le exigieron renegar de su fe; ante su negativa, fue asesinado a golpes de espada mientras perdonaba a sus verdugos. Su muerte cumplió la profecía de su nombre, manteniéndose fiel hasta el final, y su martirio sirvió como semilla para la reconciliación entre católicos y calvinistas y el retorno de muchos a la fe.