Prepara tu Confesión
En esta breve guía encontrarás una ayuda para prepararte a recibir con fruto el sacramento de la Reconciliación: incluye una explicación de los pasos para acercarse a la Confesión, unos exámenes de conciencia y textos para meditar en la grandeza del perdón que Dios nos quiere dar.
San Josemaría solía llamar a la Confesión el sacramento de la alegría, porque a través de él se recuperan el gozo y la paz que trae la amistad con Dios, un don que solo el pecado es capaz de robar a las almas de los cristianos.
Sumario sobre la Confesión
— ¿Qué es la confesión?
— ¿Por qué confesarse?
— ¿Es complicado confesarse? Los pasos para una buena confesión
1) Examen de conciencia;
2) Contrición (o arrepentimiento), que incluye el propósito de no volver a pecar (propósito de la enmienda);
3) Confesión (decir los pecados al confesor);
4) Satisfacción (o cumplir la penitencia).

¿Qué es la confesión?
«El sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación. Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que hice y no funciona bien».
¿Por qué confesarse?
Explica el Papa Francisco que «el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo».
Los pasos para una buena confesión.
No lo es tanto: en el Catecismo, la Iglesia nos propone cuatro pasos para una buena confesión:
1) Examen de conciencia;
2) Contrición (o arrepentimiento), que incluye el propósito de no volver a pecar;
3) Confesión;
4) Satisfacción (o cumplir la penitencia).
Son cuatro pasos que damos para poder recibir el gran abrazo de amor que Dios nuestro Padre nos quiere dar con este sacramento: «Dios nos espera, como el padre de la parábola, extendidos los brazos, aunque no lo merezcamos. No importa nuestra deuda. Como en el caso de hijo pródigo, hace falta sólo que abramos el corazón».
Explicamos a continuación estos cuatro pasos, que ayudarán para vivir en toda su grandeza este sacramento de la misericordia de Dios.
El examen de conciencia consiste en reflexionar sobre todo aquello que nos haya podido alejar de Dios. Es el momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para poder vivir como buenos hijos suyos.
La contrición, o arrepentimiento, es un dolor del alma y un rechazo de nuestros pecados, que incluye la resolución de no volver a pecar. Es un don de Dios: por eso, si te parece que aún estás apegado al pecado –que, por ejemplo, no te ves con fuerzas de abandonar un vicio, perdonar a una persona o enmendar un daño causado–, pídele a Él que obre en tu corazón, para que rechaces el mal.
Una buena confesión es decir los pecados al sacerdote de forma clara, concreta, concisa y completa. La confesión consiste en la acusación de los pecados hecha delante del sacerdote.
La satisfacción consiste en el cumplimiento de ciertos actos de penitencia (unas oraciones, alguna mortificación, etc.), que el confesor indica al penitente para reparar el daño causado por el pecado. Es una ocasión también para dar gracias a Dios por el perdón recibido, y renovar el propósito de no volver a pecar.
