Octavo Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: Medios para ser fieles
Podemos vivir con fidelidad, en medio del mundo, nuestra vida de hijos de Dios, si ponemos los medios: una continua formación para mejorar el conocimiento y la práctica de la doctrina de Jesucristo; la piedad que alimente la vida espiritual; y la acción apostólica tendiente a mejorar la vida de los demás. Y todo ello, en perfecta unidad, a través del cumplimiento de los deberes del propio estado.
De esta manera se actualiza la vocación a la santidad que recibimos en el Bautismo, cuando el Señor nos «trasladó de muerte a vida», según enseña San Juan, y donde nos «revestimos de Nuestro Señor Jesucristo», en expresión de San Pablo. San Josemaría no se cansó de inculcar estas verdades prácticas: con buena doctrina y con piedad, podemos ser apóstoles del Señor en medio del mundo, santificarnos y santificar a muchos, como levadura en la masa.
La vida de piedad no nos aleja de las realidades temporales, sino que, por el contrario, nos ha de llevar a «amar al mundo apasionadamente», según decía San Josemaría; sin ser mundanos; estando en el mundo empeñados en mejorar las estructuras y las personas todas; dedicándonos con afán de servicio a los diversos deberes que tenemos como ciudadanos, como miembros de una familia, como trabajadores, como amigos…
La piedad se expresa y se alimenta mediante la oración, la mortificación y los sacramentos, que producen frutos de buenas obras, de caridad y de servicio a los demás. No se trata de acumular prácticas exteriores, sino de procurar llenar de espíritu de oración lo que realizamos; de cultivar la presencia de Dios con cariño; y de vivir con alegría la realidad luminosa de nuestra condición de hijos de Dios. Para esto conviene concretar un plan de vida de piedad y tener una dirección espiritual que nos estimule a cumplirlo y mejorarlo constantemente.
Textos de san Josemaría
«Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños…, rezar como rezan los niños. Y todo esto junto es preciso para llevar a la práctica lo que voy a describirte en estas líneas:
El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima.
– ¿Quieres amar a la Virgen? –Pues, ¡trátala! ¿Cómo?
–Rezando bien el Rosario de nuestra Señora».
(Santo Rosario, Prólogo).
Oración
Dios Espíritu Santo, te suplicamos que nos infundas el don de piedad, para que sepamos escuchar tu voz y corresponder a tus inspiraciones con nuestra oración y nuestras obras. Que la oración y la mortificación nos dispongan para alcanzar el mayor fruto de la recepción de lo santos sacramentos; y que toda nuestra vida esté penetrada del sentido de nuestra condición de hijos de Dios. Amén.
Jaculatoria
«Habla, Señor, que tu siervo escucha». (1 Sam 3,9)
