Séptimo Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: Enseñar la doctrina cristiana
Para conseguir que todos los hombres se salven –como lo quiere Dios y debemos desearlo nosotros–, es preciso hacer resplandecer la doctrina de Jesucristo, enseñándola con el ejemplo de la propia vida y con la palabra hablada o escrita.
Un cristiano es portador de Jesucristo. Y como el mismo divino Redentor ha venido a traer fuego a la tierra y quiere que arda, es preciso fomentar en nosotros el deseo fervoroso y eficaz de propagar la verdad revelada.
San Josemaría consideraba que la mayor parte de los males del mundo provienen de la ignorancia; sobre todo de la ignorancia religiosa. Efectivamente, muchos no cometen pecados por maldad, sino por extravío o por equivocación. En definitiva, por desconocimiento de la verdad que es Jesucristo.
La mayor obra de misericordia será, muchas veces, la de enseñar las verdades que salvan. San Josemaría decía que la Obra de Dios «es una gran catequesis», y no se cansaba de insistir en la necesidad de emplear todos los medios lícitos para hacer llegar a los hombres las verdades del Evangelio: «de cien, nos interesan cien», solía decir; y alentaba siempre a no contentarse con ningún fruto apostólico conseguido, sino a aspirar a más y más en este servicio a la verdad y a la salvación de las almas.
Al cumplir este deber de enseñar las verdades de nuestra santa Fe, estamos cumpliendo un mandato imperativo de Cristo. Por ser cristianos nos corresponde la misión hermosísima y necesaria de ser «luz del mundo». Cada uno debe examinarse sobre cómo está cumpliendo este trascendental deber.
Textos de san Josemaría
«Piadosos, pues, como niños: pero no ignorantes, porque cada uno ha de esforzarse, en la medida de sus posibilidades, en el estudio serio, científico, de la fe; y todo esto es la teología. Piedad de niños, por tanto, y doctrina segura de teólogos.
El afán por adquirir esta ciencia teológica –la buena y firme doctrina cristiana– está movido, en primer término, por el deseo de conocer y amar a Dios. A la vez, es también consecuencia de la preocupación general del alma fiel por alcanzar la más profunda significación de este mundo, que es hechura del Creador. Con periódica monotonía, algunos tratan de resucitar una supuesta incompatibilidad entre la fe y la ciencia, entre la inteligencia humana y la Revelación divina. Esta incompatibilidad sólo puede aparecer, y aparentemente, cuando no se entienden los términos reales del problema»
Es Cristo que pasa, n. 10
Oración
Te damos gracias, Señor, porque has traído al mundo la plenitud de la gracia y de la verdad, y quieres que seamos nosotros quienes llevemos las verdades de salvación a los hermanos. Ayúdanos a cumplir la feliz misión de ser luz del mundo. Amén.
Jaculatoria
«¡Señor, que vea!» (Mc 10,51)
